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En 1825, el mismo año en que murió su padre, Sor Patrocinio ingresó en las Comendadoras de Santiago de Madrid, en calidad de educanda. Y tres años después salió de este convento para tomar el hábito en Caballero de Gracia. Fueron tres años de tranquilidad para ella sin tener que soportar el maltrato de su madre y un tiempo de formación. Una parte del convento de las Comendadoras estaba habilitado como residencia para señoras de edad de las aristocracia madrileña, a las que tuvo que servir Sor Patrocinio a cambio de su manutención y de las que aprendió las buenas maneras, que no las pudo ver ni en su entorno familiar ni en San Clemente, y que tan necesarias le fueron posteriormente para saber  tratar a los más altos personajes, incluidos los reyes de España.  Las Comendadoras no solo respetaron su decisión de profesar en una Orden diferente a la suya, sino que la ayudaron a hacerlo y mantuvieron siempre muy buenas relaciones, por el buen recuerdo que dejó y que persiste al día de hoy.

 

Sor María Isabel de Jesús, su secretaria y autora de la Vida Admirable, tuvo la información de la estancia de Sor Patrocinio en las Comendadoras por dos religiosas antiguas, las madres María del Carmen Jesús Nazareno y María Hipólita de Santa Constancia, que conocieron a Bernardina Sánchez  una comendadora a la que se le encargó atender a Sor Patrocinio en aquellos tres años y esta mujer les refirió entre otras cosas los ataques que Sor Patrocinio ya recibía en ese tiempo por parte del demonio. Sor María Isabel de Jesús lo cuenta casi todo en la Vida admirable, pero en su declaración en el proceso de beatificación añade algo más que no está en su libro. Esto es lo que declaró: “contaba Doña Bernardina que eran tantas las formas y figuras con que el enemigo infernal la perseguía que muchas veces cuando la Sierva de Dios estaba descansando, la subían hasta por las almohadas bichos en figura de lagartos, ratones y salamanquesas, todos los cuales desaparecían tan pronto como la Sierva de Dios abría los ojos, de lo cual fue testigo ocular la referida señora, Doña Bernardina, que estaba día y noche al cuidado de la Sierva de Dios y pasaba con ella largas horas de oración”. ADT. Proceso de Beatificación,  tomo I, fols. 202 vto-204. En efecto, los ataques del demonio durante su adolescencia en las Comendadoras de Santiago son idénticos a las que había sufrido en la niñez, como quedó reflejado en la nota 151.

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Y por su parte, como testimonio del buen recuerdo que Sor Patrocinio dejó en la Comendadoras de Santiago, Sor Hipólita de Santa Constancia relata la siguiente vivencia personal: “Decidida yo a abrazar el estado religioso, mi confesor me indicó la conveniencia de ingresar en el convento de Concepcionistas Descalzas de Aranjuez, donde a la sazón era abadesa la Sierva de Dios, Sor María de los Dolores y Patrocinio, fui a presentarme a ella y allí tuve ocasión de conocerla personalmente. Después  volví a Madrid y al despedirme de la superiora de las Comendadoras de dicha Corte, como le dijese que iba de religiosa a Aranjuez, exclamó: ‘mira, si va con mi Patrocinio, es muy buena, ven, ven’, y llevándome a la tribuna me dijo: ‘por aquí la sacó el enemigo y la puso encima de un muerto que había en la iglesia, nosotras la buscábamos porque ya eran las altas horas de la noche y no la encontrábamos; fuimos a la tribuna donde solía orar y oímos como sollozos en la iglesia, nos asomamos y vimos que estaba sobre el cadáver allí depositada; avisamos al demandadero y este fue a recogerla volviéndola al convento”. ADT. Proceso de Beatificación, tomo I, fols. 120 vto. y 121. Sor Hipólita de Santa Constancia nació en 1883 e ingresó en el convento de San Pascual de Aranjuez en 1857, el mismo año de su fundación.

 

Por nuestra parte, pudimos comprobar que el buen recuerdo de Sor Patrocinio persiste en la Comendadoras al día de hoy. En mis diferentes  visitas, fui atendido maravillosamente por la Comendadora Mayor o abadesa y la madre Ascensión, que era la de mayor edad del convento. Me confirmaron con datos de su archivo (ACSM) el mandato como comendadora mayor de Joaquina Zurita Villaviciosa desde el 10 de agosto de 1820 y que fue por tanto la que recibió como superiora a Sor Patrocinio y también la que la despidió cuando tomó el hábito en  Caballero de Gracias, pues todavía hay constancia en el archivo que en 1828 de que Joaquina seguía siendo la superiora.  Joaquina Zurita murió el 21 de julio de 1839 y está enterrada en las Comendadoras. Igualmente con datos de archivo, la madre Ascensión me confirmó la estancia en el convento de la hermana de Joaquina, Petronila, a quien la Comendadora Mayor encargó la formación de Sor Patrocinio, como se cuenta en la Vida admirable.

 

Pero la Madre Ascensión me facilitó información de algo todavía más importante que los datos de archivo. Me enseño el ajuar de una imagen que se venera en ese convento, El Divino Niño Montañés, para el que Sor Patrocinio bordó una túnica en plata, que ellas conservan. El trabajo es impresionante y más si se tiene en cuenta que está realizado por Sor Patrocinio entre los quince y los dieciocho años. Cuenta Sor María Isabel de Jesús en la Vida admirable, que entre las gracias extraordinarias que Sor Patrocinio recibió de niña, una de ellas fue el consuelo de la Virgen que se la aparecía a la edad de cuatro años para enseñarle a leer, escribir coser y bordar, porque su madre le mandaba hacer esos trabajos y la castigaba porque no sabía hacerlos.  Cuando vi la túnica del Niño Jesús bordado por Sor Patrocinio no pude menos que acordarme de este relato que se cuenta en el capítulo primero de la Vida admirable, porque el bordado de esa túnica proclama a las claras que su autora tuvo necesariamente que tener una gran maestra.

NOTA

Este es un fragmento del libro Las llagas de la monja de Javier Paredes, que se puede adquirir en las principales librerías de España y también en el convento de las Madres Concepcionistas de la Comunidad del Caballero de Gracia de la calle de Blasco de Garay de Madrid (Teléfono: 915 43 74 682. Correo Electrónico: concepcionistasblasco@hotmail.com )