

Durante la Guerra Civil española (1936-1939), el ejército republicano convirtió la iglesia del convento de las concepcionistas franciscanas de Guadalajara en un almacén de Intendencia. En una de las capillas de esa iglesia se encontraba la tumba de Sor Patrocinio, por lo que el Gobernador Civil de la ciudad ordenó trasladar el féretro al cementerio municipal, previa apertura de la caja para comprobar si dentro de ella había joyas o algún objeto de valor.
Los prejuicios materialistas de los marxistas les impiden ver la realidad al completo, porque en el reconocimiento de los restos mortales no vieron nada, cuando en realidad delante de sus ojos había tres joyas de inestimable valor, que en este artículo quiero exponer como en un escaparate, para que todo el mundo las contemple. Y lo haré añadiendo a este texto una serie de apéndice documentales, que explican con todo detalle el tesoro que custodia la tumba de Sor Patrocinio.
La primera joya son los propios restos mortales de Sor Patrocinio (1811-1891), una mujer de una vida de santidad admirable, a la que Satanás persiguió en vida y después de muerta.
Sor Patrocinio falleció el 27 enero de 1891, y como le había anunciado la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias cuando se le apareció el 13 de agosto de 1831, el demonio comenzó a perseguirla después de muerta, de la única manera que se puede perseguir a alguien que ya ha fallecido: atentando contra su fama y buen nombre con calumnias y mentiras, dando sobradas muestras de que Satanás es el padre de la mentira. Pero la Virgen le dijo algo más a Sor Patrocinio, le adelantó que el demonio llevaría a cabo esta persecución, teniendo como aliados a los hombres. Y así me la encontré yo, siendo un joven doctorando, hace unos cincuenta años, enterrada en mentiras y calumnias.
En su empeño por arrebatar el alma de Sor Patrocinio, a Satanás se le acabó el tiempo el 27 de enero de 1891. ¿Por qué su interés en perseguirla con calumnias y mentiras después de muerta? Pues para que le verdad de su vida ejemplar no nos sirviera de ejemplo a los cristianos.
Buena parte de mi trabajo como historiador, durante años, ha estado dedicada a desmontar todas las mentiras que ocultaban la vida de Sor Patrocinio. He presentado el resultado en la biografía que publiqué en 2023 y en otros libros que completan la información que allí se contiene. En este sentido se puede afirmar que esas publicaciones sirven como exposición de la primera de las tres joyas a las que me referí al principio: la vida santa y ejemplar de Sor Patrocinio.
Al día siguiente de morir, Sor Patrocinio fue enterrada en un nicho que se habilitó en el convento de Guadalajara, en una galería situada debajo de la iglesia. Los detalles concretos de cómo la amortajaron sus hijas y cómo recibió sepultura, son muy importante para descubrir el tesoro de la tumba de Sor Patrocinio. Pero como todo lo que sucedió e hicieron las hijas de Sor patrocinio lo ha contado minuciosamente su secretaria, Sor María Isabel de Jesús, en su libro Vida Admirable, reproduzco su texto como Apéndice I, al final de este artículo.

Galería del convento de las Concepcionistas de Guadalajara. Lugar donde estuvo enterrada Sor Patrocinio por primera vez y fragmento de la lápida de entonces, como se conserva en la actualidad.
La segunda joya del tesoro de la tumba de Sor Patrocinio es el ADN de los huesos. Me explico. Uno de los paños manchados con sangre de las llagas, fechado en 1844, se conserva en la actualidad en el convento de las concepcionistas franciscanas de Guadalajara. Se trata de un trozo de tela de unos 30 centímetros empapados en sangre, que la madre María Torres, presidenta de la federación de concepcionistas franciscanas de Castilla, a la que pertenece el convento de Guadalajara, trajo al laboratorio de Eurofins Megalab de Madrid. Yo mismo la acompañé y el día 11 de mayo de 2023 hice entrega de esta reliquia al director del laboratorio, el doctor Enrique Nogueira, para que obtuviera el perfil de ADN.
Yo conocía al director del laboratorio Eurofins Megalab desde el 15 de febrero de 2023, porque le había llevado las reliquias que encontré en el convento de Cristobaldegui (San Sebastián) para que analizaran el ADN, lo que no se pudo conseguir por un doble motivo. Las reliquias de Cristobaldegui estaban lavadas y los restos de sangre eran muy débiles y además, por mi desconocimiento, las había contaminado con mi ADN al manipularlas; de hecho, me hicieron un análisis y se comprobó que el ADN de varón que tenían las reliquias era el mío.
Como se pudo obtener el ADN de la sangre de esa reliquia de 1844, que nos consta que es de Sor Patrocinio, se desmiente a los tres médicos que en 1836 certificaron que las llagas de Sor Patrocinio se las había provocado ella y que, por ser naturales, ellos se las habían curado. La cadena de custodia demuestra que esa reliquia es de Sor Patrocinio. Pero todavía se puede obtener otra prueba más de que la sangre de ese paño de 1844 es de Sor Patrocinio, y esta prueba será de carácter genético.
Lo que ha hecho el laboratorio Eurofins Megalab ha sido obtener el perfil de ADN de una determinada mujer, a la que hay que poner nombre y apellidos, lo que se podrá conseguir cuando se haga el reconocimiento de los restos de la tumba de Sor Patrocinio y se analice una muestra de uno de sus huesos y se compruebe que ese ADN de sus huesos es el mismo que el de la reliquia con sangre de 1844. El día que se abra la tumba de Sor Patrocinio y se analicen en un laboratorio sus restos se comprobará que la Historia y la Genética dicen lo mismo.

Resultado del análisis de la reliquia de Sor Patrocinio de 1844
La tercera joya del tesoro de la tumba de Sor Patrocinio es la Santa Bula. Cuando falleció Sor Patrocinio, sus hijas depositaron dentro de la caja mortuoria la bula del papa Gregorio XVI, que autorizaba el culto de la Virgen del Olvido. Aunque no me cabe la menor duda de que el culto a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias estuvo autorizado por el papa, pues de lo contrario hubiera habido más de una protesta cuando tantas veces en vida de Sor Patrocinio se anunció su celebración en la prensa. Yo mismo he buscado en los archivos del Vaticano referencias de la expedición de dicha bula, sin ningún resultado positivo. Eso es tanto como buscar una aguja en un pajar, pues esa bula pudo salir hacia España por las mil y una dependencias del Vaticano, donde debió quedar constancia de su expedición. Pero lo cierto es que yo no la he encontrado.
No obstante, sí que hay constancia documental de que dicha bula se metió en la caja mortuoria de Sor Patrocinio y que ahí sigue. El 14 de septiembre de 1917, se procedió al traslado de los restos de Sor Patrocinio desde el enterramiento inicial hasta la capilla de la iglesia. En nombre del arzobispo de Toledo, presidió el acto el obispo de Sión, Jaime Cardona y Tur (1838-1923), y en su presencia se procedió a trasladar los restos a una nueva caja, porque la primitiva estaba deteriorada.
La prensa de Guadalajara, por la información recibida del convento, publicó con todo detalle un larguísimo artículo del periódico Flores y Abejas, que reproduzco como Apéndice II. En uno de sus párrafos se puede leer: «Levantada la tapa, quedaron al descubierto los restos de la madre, los cuales fueron examinados por el médico director del Hospital militar Don Antonio Alonso que se hallaba presente, quien manifestó que a excepción de los pies, estaba completa toda la osamenta, pudiendo distinguirse perfectamente el cráneo y las manos. Allí fueron encontradas las flores artificiales, la medalla de la Orden, los versos a los que se refirió la madre Isabel y la Santa Bula».

Además del periódico Flores y Abejas. también La Palanca dio cuenta del traslado de los restos de Sor Patrocinio en 1917
Esta es una de las razones por las que yo vengo insistiendo en la necesidad de volver a abrir la tumba de Sor Patrocinio, con el fin de recuperar la bula del papa Gregorio XVI, que se encuentra en la caja, junto con los restos de Sor Patrocinio.
Veinte años después del primer traslado de 1917, se produjo el segundo el día 17 de septiembre de 1937. Al estallar la Guerra Civil, las tropas republicanas convirtieron la iglesia del convento de Guadalajara en un almacén militar. Y con tal motivo procedieron a trasladar los restos de Sor Patrocinio desde la capilla donde estaban al cementerio de la ciudad.
Una mujer, sin duda, devota de Sor Patrocinio, arriesgó mucho en aquellas circunstancias de persecución religiosa, pero gracias a su arrojo logró ver la inhumación de los restos de Sor Patrocinio en el cementerio municipal de Guadalajara y cómo la enterraban. Su declaración jurada, que se custodia en el archivo de la postulación de los Franciscanos en Roma, la reproduzco como Apéndice III.

Por fin hubo un tercero y definitivo traslado de los restos de Sor Patrocinio el 27 de octubre de 1940, desde el cementerio municipal de Guadalajara hasta la capilla, donde actualmente reposan. Entre los testigos de este traslado se encontraba Luis Suárez de Puga Reinoso que, por razón de su cargo de Inspector Provincial de Sanidad de Guadalajara reconoció los restos de Sor Patrocinio, cuando fueron llevados al cementerio en 1937. El acta del traslado de 1940, lo reproduzco como Apéndice IV. En este documento se vuelve a hacer referencia a la existencia de la Santa Bula del papa Gregoria XVI, que autorizaba el culto de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Desde entonces no se ha vuelto a abrir la tumba de Sor Patrocinio.
¡Cuánto he rezado y rezo a María Santísima, bajo la advocación con la que se le apareció a Sor Patrocinio, para que se vuelva a abrir la tumba para recuperar esa Bula, la tercera joya del tesoro de la tumba de Sor Patrocinio…! Y a fuer de sincero, diré que también le pido a la Virgen que me deje estar presente el día la apertura de la tumba de mi muy querida Madre Patrocinio.
Javier Paredes
Madrid, 8 de noviembre de 2025
APÉNDICE I
MUERTE Y SEPULTURA DE SOR PATROCINIO
Sor María Isabel de Jesús, Vida Admirable. Cuarta edición. Edición y notas de Javier Paredes. Madrid 2017. Páginas 509-513
Tenía de edad la Sierva de Dios, al morir, ochenta años, menos tres meses; y de religiosa sesenta y dos años y ocho días. Había sido Prelada de diferentes Comunidades cuarenta y dos años, menos once días.
Cuando las religiosas se persuadieron de que su Santa Madre había muerto, considerándose ya huérfanas de la que por tantos años había sido su guía y su luz, su fortaleza y su apoyo, a la vez que todo su consuelo y gozo en medio de las tribulaciones y amarguras grandes por que atravesaron durante muchos años, juntamente con ella, cercando su pobre lecho y entregadas al más amargo llanto, no se hartaban de besar su sagrado cadáver. Cuando su amor filial, su piedad y fe se quedaron satisfechos, ordenó el Padre Vicario que se retirara la Comunidad al coro, a practicar por la difunta los sufragios de costumbre.
Quedó el sagrado cadáver tan hermoso, que más parecía estar en un dulce sueño que sin la vida del alma pura que siempre, durante ochenta años, le animara: tenía colocada sobre el pecho la mano derecha y extendida la izquierda sobre el colchón[1] en forma de cruz: quedó su boca algo entreabierta como en actitud de hablar y muy placentero y dulce todo el semblante, los ojos quedaron enteramente cerrados. Sus virginales carnes estaban frescas y suaves, como si viviera, y flexibles todos los miembros. Continuó en este mismo estado tan preciado teso ro, hasta después de darle sepultura.
Mientras la Comunidad rezaba el oficio de difuntos por su amada Madre, algunas de las religiosas, con las roperas, amortajaron el sagrado cadáver; y entonces, pudo saciarse su devoción a placer, contemplando y besando una y mil veces las benditas llagas de los pies, manos y cabeza, especialmente al tener que cambiarle los mitones, vendas y tocado.
Sor Concepción se atrevió a más: descubriendo la llaga del costado, la tocó y besó tiernísimamente, llorando al mismo tiempo de gozo por la dicha que había tenido. De esta religiosa son las palabras que siguen: «En medio de tan profundo dolor, tuve el consuelo de besar sus llagas: las de cabeza, manos y pies estaban cerradas; la del costado, toda la llaga tenía el color, como si fuera a brotar sangre: en el contacto de los labios noté estaba cerrada».
Una vez vestido el bendito cadáver, se le colocó en una sen cilla caja de madera, entre flores artificiales y con una palma al lado, y enseguida le llevaron las religiosas al coro[2]. Antes de las diez quedó convertido el coro en capilla ardiente, y ya no faltaron de allí las religiosas ni un momento, hasta que se dio sepultura al virginal cuerpo de nuestra santa difunta, llorando y rezando por su alma sin cesar.
Aún nos hacíamos la ilusión algunas que no había muerto. Las niñas del colegio interno participaban en nuestro quebranto y besaban, al visitar el coro, el santo cadáver, con gran devoción y sin el miedo que tan propio es en los niños ante los difuntos.
Tan luego como en la población se supo la noticia de la muerte de nuestra bienaventurada Madre Patrocinio, fue general el sentimiento y, todos a porfía, de todas las clases, estado y condición, ricos y pobres, grandes y pequeños, sacerdotes y Comunidades de religiosas, se apresuraron a manifestar a la Comunidad, su dolor, al mismo tiempo que daban rienda suelta a su piedad y fe en la virtud y santidad de la difunta, entregándonos medallas, escapularios, rosarios y otros objetos piadosos para que los tocásemos al bendito cuerpo, recibiéndolos después como preciadas reliquias. Era un continuo ir y venir de las gentes a nuestro convento, proclamando por santa a la Sierva de Dios[3].
La Rda. Madre Priora de Carmelitas del convento de Ledesma, escribiendo días después de morir la Sierva de Dios, nos decía: «No sé si en esa habrán notado una cosa bien rara que se vio en el cielo el martes 27: a las siete de la tarde se vio una claridad tan grande que duró lo que dos o tres relámpagos: parecía fuego, o que el cielo se abría. Muchas personas lo notaron, y aquí, como era la hora de la recreación, hablando de lo que habían visto, dijo una monjita: Alguna de esas gran des almas se fue al cielo, sin duda. Y como, cabalmente, fue el día que esta santa Madre murió, pensamos si sería su Reverencia».
Estando nuestra venerada Madre de cuerpo presente, el mismo día 27 de enero, una religiosa de nuestra Comunidad se hallaba molestada de un padecimiento que la mortificaba mucho; llena de fe, se en comendó a la Sierva de Dios, y, acercándose al bendito cadáver, le colocó entre los labios un pedazo de hostia, y, tomándolo ella enseguida, desapareció al momento todo su mal, quedando curada perfectamente.
Oraba otra religiosa delante del venerable cadáver y encomendaba a la santa las necesidades de toda su familia, que residía en Castellón de la Plana; ignoraba la religiosa que, al mismo tiempo que hacía ella su oración, agonizaba de difteria una sobrinita suya en dicha ciudad, desahuciada enteramente de los médicos. Los padres de la niña moribunda la tenían encomendada a la Santísima Virgen del Olvido y ¡Oh, prodigio del poder divino!, eran las tres de la tarde del día 27 cuando la religiosa hacía su oración ante el sagrado cadáver, y a esa hora cabal sanaba, repentinamente, en Castellón, la niña moribunda, con grande admiración de los médicos que la asistían.
Antes de bajar el venerado cadáver a la bóveda, o lugar del enterramiento, fuimos todas las religiosas, por orden de antigüedad, a tomar la bendición y despedirnos de tan amante Madre difunta. Después que hubieron pasado tres o cuatro religiosas, vio una de ellas que el bendito cuerpo de la santa inclinó la cabeza hacia el lado en que estaba la Comunidad y que, sonriente, abrió los ojos dirigiéndolos a una religiosa determinada, como si quisiera hablarle. Faltóle poco a la religiosa que esto viera para gritar y publicar la maravilla, y no lo hizo por respeto a la Comunidad y porque enseguida vio que el cadáver cerró los ojos y se quedó natural, como antes estaba.
Verificose por fin el entierro de nuestro tesoro el día 28 del expresado mes y año: a las ocho y media de la mañana se dio principio al funeral, oficiando en él, en nombre del Reverendo Padre Vicario General de los Franciscanos de España, que estaba enfermo, el Rdo. Padre Definidor General de la misma Orden Fr. José Coll, acompañado de nuestro Padre Gómez, Vicario como se sabe de la Comunidad, y por todo el Clero de la Ciudad, asistiendo numeroso pueblo.
Llevaban la caja seis sacerdotes, y era tanto lo que les pesaba el bendito cadáver, que tuvieron que descansar, dejándolo en el suelo hasta llegar a la bóveda unas seis veces; lo que causó tal extrañeza al Padre Gómez, que dirigiéndose al oficiante dijo: No comprendo esto; las religiosas han llevado a la Madre desde su celda al coro en esta caja como si llevaran una pluma, y estos señores sacerdotes, entre seis, no pueden llevarla. Tal vez, respondió el Padre Coll, la Madre hubiera querido mejor ser llevada por sus hijas, como ellas lo deseaban.
Terminado el oficio de sepultura, quedó colocado el bendito cuerpo de nuestra santa, en un modesto nicho, fabricado apresuradamente el mismo día del fallecimiento de la Sierva de Dios, en una galería incomunicada que hay junto a la puerta del enterramiento común de las religiosas.
Allí, con el sagrado cadáver de la santa Madre, quedaron, juntamente, los corazones de todas sus hijas presentes y ausentes, hasta que llegue el feliz día de su exaltación y gloria, como lo esperamos de la bondad de Nuestro Señor, firmes en la fe que todas tenemos y tuvimos siempre en las virtudes heroicas, gracias y prerrogativas singularísimas con que se dignó Dios enriquecer a esta su esclarecida Sierva. ¡Quiéralo Dios!
El 18 de marzo de 1891, se colocó en el nicho una hermosa lápida de mármol blanco con inscripción dorada, donación de los piadosos señores de esta población D. Francisco Ríos y Martina, su esposa, que quisieron tributar ese obsequio, en prueba de su veneración y aprecio, a la memoria de mi venerada Madre; cuyo patrocinio bendito nos asista a todas sus hijas presentes y futuras, a todos sus fieles devotos en vida y en muerte. Así sea.
No debo pasar en silencio lo que sucedió al colocar la lápida. El maestro albañil Isidro Corral, que fue el que con su hijo Martín Corral formó el nicho para mi venerada Madre, al poner la lápida de mármol, tuvo que raspar un poco la tapia para colocarla bien. Por las junturas de los ladrillos, en uno de estos había una insignificante separación de un poco de cal que se cayó; al fijarse en esto Isidro Corral, se aproximó a ella, y, volviéndose a las religiosas porteras y a la Madre Abadesa y Vicario que se hallaban presentes, admirado dijo: ¿No notan VV. el olor tan bueno que sale de este nicho? Las religiosas ya lo habían notado y fue bien grande el sacrificio que tuvieron que hacer al tener que cubrir más aquello con la lápida, y no poder ver el bendito cuerpo de la amada Madre que allí descansaba y allí quedaba, para consuelo de sus hijas, en medio de la grande aflicción y orfandad en que estaban.
El novenario de vigilias y de Misas de requiem cantadas se tuvo en los días que hubo hábiles para ello, según el rezo del oficio divino.
Después del novenario de vigilias y Misas cantadas que tiene la Comunidad para todas sus difuntas, celebró la Parroquia de San Nicolás, en nuestra Iglesia, un solemne funeral por el descanso de nuestra amada y venerada Madre; y otro la Real Archicofradía de nuestra Señora de la Caridad y Paz de esta población, establecida canónicamente en nuestra Iglesia conventual.
APÉNDICE II
PRIMER TRASLADO DE LOS RESTOS MORTALES DE SOR PATROCINIO SEGÚN LA CRÓNICA DEL PERIÓDICO FLORES Y ABEJAS DEL 16-IX-1917, PÁGINAS 4 Y 5.
Anteayer, viernes, [14 de septiembre de 1917] verificose el solemne acto de trasladar los restos mortales de la insigne fundadora desde la cripta donde habían sido enterrados el 28 de enero de 1891 al magnífico mausoleo construido por el notable artista Bernardino Olmeda y que ha sido colocado en el antiguo comulgatorio de las religiosas, hoy convertido en capilla.
Poco antes de las diez de la mañana llegó en coche de la Sra. Viuda de Largacha y procedente de Horche, donde está pasando el verano el ilustre obispo de Sión, quien ostentaba la representación del Excelentísimo Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo.
En el atrio del convento fue recibido por el gobernador militar general Lanza, presidente de la Diputación Sr. Casas, alcalde Sr. Fluiters, general Mathé, Secretario del Consejo de administración de los Colegios de Huérfanos, exgobernadores civiles señores Zabía e Ignesón, representaciones de todos los cuerpos armados, el arcipreste señor Maderal y casi todo el clero regular de esta ciudad, RR. PP. Franciscanos y Paúles, hermanas de la Sagrada Familia, Mayordomo mayor de la Paz y Caridad D. Miguel Pérez y gran número de curiosos.
Rindió honores al insigne Prelado una sección de Ingenieros al mando de un sargento.
Una vez en el templo, revistiose de pontifical el Sr. Obispo de Sión, procediendo acto seguido el R. P. Apolinar Pérez, vicepostulador del proceso de beatificación de Sor Patrocinio, a dar lectura al documento en el que el Arzobispo de Toledo otorga su representación al Provicario general castrense y la prohibición de que se dé culto a los restos de la insigne fundadora.
A continuación salió la comitiva del templo, precedida de la cruz y los ciriales, dirigiéndose al interior del convento, cuyas puertas fueron abiertas de par en par.
En dos filas aguardaba toda la comunidad, con su bondadosa abadesa Sor María Laura del Patrocinio, dirigiéndose todos a la cripta, situada en el ala izquierda de aquel grandioso Monasterio.
A la derecha de aquella estancia y en el hueco de una bóveda, hallánbase los restos de Sor Patrocinio, según indicaba magnífica lápida de mármol, que fue dedicada a la Reverenda Madre por D. Francisco Ríos y señora.
El R. P. Apolinar Pérez, con la venia del Sr. Obispo, preguntó al maestro albañil Martín Corral si aquel sitio era donde 26 años antes había sido enterrada Sor Patrocinio y siendo la contestación afirmativa, hízose idéntica pregunta a la venerable Madre Sor María Isabel de Jesús, la más anciana de aquella Comunidad, quien manifestó que allí había sido enterrada su Reverenda Prelada, llevando por mortaja el hábito de la Orden Concepcionista, añadiendo que iba descalza, que se le colocaron dentro de la caja f lores artificiales, unos versos de una religiosa ya difunta y la Santa Bula.
Procediose después a levantar la lápida y el cerramiento de adobes que existía detrás, quedando al descubierto una reducida bóveda, en la había una caja de madera sin forrar y en deplorables condiciones por los muchos años transcurridos.
Existía el propósito de llevar la mencionada caja al camarín de la Virgen, donde había sido colocada Nuestra Señora del Olvido, y allí trasladar los restos al artístico ataúd de terciopelo azul y adornos plateados construido para esta solemnidad; pero hubo que desistir de tal empeño, en vista del mal estado de la caja donde yacían los restos de Sor Patrocinio.
Levantada la tapa, quedaron al descubierto los restos de la Reverenda Madre, los cuales fueron examinados por el médico director del Hospital militar D. Antonio Alonso que se hallaba presente, quien manifestó que a excepción de los pies, estaba completa toda la osamenta, pudiendo distinguirse perfectamente el cráneo y las manos.
Allí fueron encontradas las flores artificiales, la medalla de la Orden, los versos a los que se refirió la Madre Isabel y la Santa Bula.
Colocados aquellos restos en el nuevo féretro, se puso en marcha la comitiva y después de subir al coro, descendió por una ancha escalera al corredor que conduce al coro bajo, convertido hoy en una bella capilla, en cuyo centro ha sido colocado el artístico mausoleo en que había de ser depositado el ataúd.
El citado mausoleo es de piedra de Novelda y consiste en una gran urna cineraria sostenida por cuatro garras que descansan sobre una basa de igual piedra.
En el frente se ve el escudo de la Orden de San Francisco y a ambos lados estas inscripciones:
Izquierda: Hic quiescit S. D. Soror Maria a Doloribus et Patrocinio Fundatrix et Abbatissa hujus Monasterii.
Derecha: 27 Aprilis 1811 — 27 Januarii 1891 Lux Perpetua Luceat Ei.
Delante de la magnífica verja de hierro construida por la casa de Jareño, fueron expuestos al público los restos de Sor Patrocinio, y después de entonarse un responso, procediose a precintar la caja con lazos de seda azul, lacrándose con el sello de la Comunidad.
El ataúd fue cerrado con tres llaves: una quedará en el convento, otra se enviará al Arzobispo de Toledo y la tercera será remitida a la Santa Sede.
Después se depositó la caja en el mausoleo, levantándose a continuación por el notario eclesiástico D. Pío Pérez.
Desde la iglesia presenció la inhumación gran número de personas.
Con objeto de asistir a dicho acto, vinieron varios sobrinos de Sor Patrocinio, entre los que se hallaba el Padre Jesuita Diego Quiroga, quien ha sido encargado de predicar en el novenario de Nuestra Señora del Amparo.
APÉNDICE III
DECLARACIÓN JURADA DE ASUNCIÓN VALVERDE Y QUINTANA
Juro por Dios y por mi honor que el día 17 de septiembre del año 1937 supe que las autoridades rojas, que mandaban en la ciudad de Guadalajara, habían ordenado el traslado de los restos de la Madre María de los Dolores y Patrocinio desde el convento de religiosas Concepcionistas franciscanas, por dicha Madre fundado, al cementerio municipal; y encontrándose ausente la comunidad me personé en el cementerio a las 4 de la tarde del citado día, y aparentando que mi llegada era casual, el conserje del cementerio apellidado Coruña [Gregorio Coruña Ruiz] y el dueño de una funeraria llamado Don Claudio Laria y Tolosa me dejaron pasar al depósito de cadáveres, donde el fontanero Santiago Rodríguez estaba procediendo a soldar la caja, que guarda los restos de madre Patrocinio, que pude ver por tener tapa de cristal; una vez terminada esta diligencia tomaron la caja el citado señor Laria, el fontanero, el conserje y el enterrador (cuyo nombre y apellidos ignoro) yo fui detrás, hasta la sepultura modestísima donde dieron tierra a los restos, a presencia mía y hago constar que a pesar de ser rojo el conserje se llevó el acto a término con el mayor respeto.
Terminada la guerra de liberación, atendiendo los reiterados deseos de la comunidad de religiosas Concepcionistas Franciscanas, el señor obispo, administrador de la diócesis de Toledo, dispuso el traslado de los restos de Madre Patrocinio a su habitual sepultura en el convento. Efectuándose el día 27 de octubre del año 1940 y fui requerida a ir al convento, donde también acudió don Claudio Laria. Sacada la caja de la sepultura el sacerdote don Ángel Morán y Otero, delegado del señor obispo, nos tomó juramento al señor Laria y a mí referente a que si la caja que teníamos ante nosotros era la misma que guardaba los restos mortales de la Madre Patrocinio y que habíamos presenciado dar tierra el día 17 de septiembre de 1937. Ambos contestamos afirmativamente y se organizó la comitiva desde el cementerio al convento; en el coro bajo se hallaba preparada su habitual sepultura y allí fue abierta la caja, donde pudimos contemplar los restos que se conservan enteros y donde después fueron colocados en la citada sepultura que es de piedra blanca. El señor don Claudio Laria ha fallecido el 24 de noviembre de 1941 y el ya citado conserje llamado Coruña fue sumariado, condenado a muerte y ejecutado con fecha anterior a la del 27 de octubre de 1940.
Guadalajara a 27 de abril de 1942.
Firmado Asunción Valverde y Quintana
APÉNDICE IV
ACTA DE 28 DE OCTUBRE DE 1940
ARCHIVO DE LA POSTULACIÓN DE LOS FRANCISCANOS. CURIA GENERAL. ROMA
In Dei Nomine. Amen
Praesenti hoc publico Instrumento omnibus ubique pateat ac notum sit, die vigesima septima mensis octobris, anni ,illesimi nongentesimi quadragesimi hora dudocedima a. M. De mandato Exmi. Ac Rdmi. Episcopi pridie hujus diei dato accesisae ad Caemeterium urbis una cum Rdo. Drc. D. Angelo Moran Otero, Rdo., P. Fr. Gregorio Fuentes, O. F. M. meque Notario Ecclesiastico ad casum, ut juxta preces a Fr. Gregorio, Ordinario peractas, ad exhumationem et recognitionem corporis S. D. Mariae a Doloribus et Patrocinio deveniretur et un loco es quo a vesania revolutionaria traslatum fuerat reponeretur. (En el nombre de Dios. Amen. El presente documento público será dado a la luz y para que sea conocido por todos en todas partes: el veintisiete de octubre del año mil novecientos cuarenta, a las doce de la mañana por mandato de Su Excelencia el Reverendísimo Obispo, otorgado el día anteayer, hemos accedido al cementerio de la ciudad junto con el Reverendo Dr. D. Ángel Moran Otero, el Reverendo P. Gregorio Fuentes, O.F.M., y yo mismo, Notario Eclesiástico, para que, tras las oraciones del P. Gregorio, ordinario, se lleve a cabo la exhumación y el reconocimiento del cuerpo de Sor María de los Dolores y Patrocinio, y sea colocado en el lugar del que fue trasladado por la locura revolucionaria).
Praesentes aderant in dicto loco Domini Aloysius Suarez de Puga, peritus; Petrus Sanz Vázquez, peritus, et Aloysius Sángez López, peritus. (En el citado lugar estuvieron presentes el señor Luis Suárez de Puga, perito; Pedro Sanz Vázquez, perito, y Luis Sánchez López, perito).
Interrogatus Peritus Suárez de Puga, qui praesens aderat inhumationi utrum sciret undenam corpus S. D. quieceret et responso accepto afirmativo, confirmavit syam pristinam declarationem quae sic se habet. (Al perito Suárez de Puga, que estuvo presente en el entierro anterior, se le preguntó si sabía dónde reposaba el cuerpo de Sor Dolores y, al recibir una respuesta afirmativa, confirmó su declaración anterior, que es la siguiente:)
“Don Luis Suárez de Puga Reinoso, Inspector Provincial de Sanidad de Soria, y que lo fue de la provincia de Guadalajara desde el año 1929 hasta el mes de marzo de 1939, DECLARO que por razones de mi cargo, recibí órdenes del Gobernador Civil de la provincia de Guadalajara en la época de la dominación roja, para que en unión del Señor Arquitecto Provincial, Don Aurelio Botella, fuera a reconocer un féretro que había sido sacado de una sepultura en la iglesia del Convento del Carmen, situado en la Plaza del Carmen de la población de Guadalajara por los soldados que tenían ocupada la referida iglesia (entonces almacén de Intendencia) y al objeto de comprobar si dicho féretro contenía joyas u otra clase de valores. Personado en unión de dicho Señor Arquitecto al lugar que nos referimos, nos encontramos con un féretro que había sido sacado de una sepultura de la iglesia y que estaba depositado en la parte más anterior del edificio y a mano derecha, la sepultura no fue visitado por nosotros. El féretro, si la memoria no me es infiel, creo que era de un color pálido y dibujos plateados, no presentando señales de haber sido forzado; estaba precintado con dos cintas de seda y cogidas con lacre y además tenía tres cerraduras. Para cumplir nuestro cometido tuvimos que cortar las cintas y forzar las cerraduras, cosa que hice yo personalmente, conservando los sellos de lacre y las cintas en el mismo féretro. Abierta la tapa de madera, encontramos otra de zinc que estaba suelta, es decir sin soldar. En el interior del féretro solo encontramos unos restos en los que no podía reconocerse vestigios de vestidura, encontrándolos muy deshechos y el tejido óseo estaba recubierto de restos de tejidos desecados y de color oscuro, los miembros inferiores estaban separados de sus diversos fragmentos y en las manos tenía un crucifijo con alguna porción de rosario, lo cual yo recogí con la idea de entregarlo a la comunidad en su día, por pensar en el valor que tendría su posesión, ya que teníamos conocimiento de que estos restos eran de Sor Patrocinio. Después de todo ello dejamos provisionalmente el féretro cubierto con sus dos tapas y busqué un funerario para que se ocupara de buscar sepultura en el cementerio, de que soldara la tapa de zinc y que trasladara los restos para su inhumación en la sepultura alquilada en el cementerio, todo esto fue realizado por el funerario Claudio Laria. Desde luego tengo que hacer constar que los soldados residentes allí, nada hicieron en el ataúd ni en los restos. No puedo decir la fecha exacta de esta intervención, pero por el resguardo del recibo que dio el Ayuntamiento para la inhumación de los restos y el alquiler de la sepultura, puede verse la fecha, pues todo fue el día anterior a la misma, y este recibo fue entregado por mí a la comunidad de las Concepcionistas. Y para que conste donde convenga expido la presente declaración en Soria a siete de septiembre de 1939. Año de la Victoria. Luis Suárez de Puga.
Sepulcrum S. D. est in Caementerio, jacet sub terra longotudine 2 m. latitudione 1 m. Deinde per fabros murarios de mandato Delegati Episcopi apertum est sepulcrum, et aparuit arca, quae caute ab ipsis deducta, omni diligentia et reverentia delata fuit in Ecclesia Carmelitana et posita super mensam. Arca est lignea, longa m. 1,75, alta ex parte capitis m. 0,55, ex parte pedum m. o,40; alta ex parte capitis m. 0,50, pedum m. 0,20, invenitur in statu perfectae. (La tumba de Sor Dolores se encuentra en el cementerio, bajo tierra, con unas dimensiones de 2 m de largo y 1 m de ancho. Posteriormente, por orden del delegado del obispo, los canteros abrieron la tumba y apareció la caja, la cual, cuidadosamente sacada por ellos, fue llevada con toda diligencia y reverencia a la iglesia del Carmen y colocada sobre una mesa. La caja es de madera, mide 1,75 m de largo, 0,55 m de alto en la cabecera y 0,40 m en los pies; 0,50 m de alto en la cabecera y 0,20 m en los pies, y se encuentra en perfecto estado de conservación).
Deinde per fabros lignarios aperta fuit arca et remoto operculo reperta fuere in ea ossa et cineres quae externa sic se exhibent. (Luego los carpinteros abrieron el ataúd y, al quitar la tapa, encontraron en él huesos y cenizas, que externamente se ven de la siguiente manera):
“Luis Suárez de Puga Reinoso, Jefe Provincial de Sanidad de Soria, que desempeñaba este mismo cargo en la provincia de Guadalajara en el año 1938 (en esta declaración figura 1938, cuando debía decir 1937. En la transcripción respetamos el original) los siguientes extremos con respecto a las incidencias y circunstancias ocurridas con los restos de Sor Patrocinio. ME RATIFICO en un todo en la declaración firmada por mí con fecha 7 de septiembre de 1939, que hice a petición de Sor Laura del patrocinio de la comunidad de Concepcionistas de Guadalajara, con respecto a las causas del traslado de los santos restos de la Madre Patrocinio desde la iglesia del Carmen al cementerio, efectuados en el año 1938 (sic). A los datos que en aquella declaración manifestaba hemos de agregar otros; con relación al traslado de los referidos restos que contenía este féretro eran los mismos que en aquella ocasión reconocí, como pude comprobar después de levantar la tapa de zinc, apuntando como detalles probatorios de que son tales restos, la existencia de restos del rosario del cual yo en el año 1938 separé la cruz de unas cuentas, la existencia de un cuaderno o bula y una tela que según la comunidad corresponde al Escudo de la Orden, existiendo además dentro del féretro resto de flores y una palma. En cuanto al estado de los restos, como en mi primera declaración indicaba, las piernas se encontraban separadas y los diversos huesos de los pies aislados. También está separado el tronco del brazo derecho por la articulación escápulo-humeral, el esqueleto de la pelvis está en continuidad e incrustado en la caja torácica. De manera fundamental se encuentran en estado de momificación el muslo izquierdo, antebrazo derecho y parte de la cara. Por último, manifestamos que gran parte de los restos están cubiertos por un velo blanco correspondiendo a hongos desarrollados por la excesiva humedad que tenía el féretro. Y para que conste donde sea conveniente expido la presente declaración en Guadalajara a 28 de octubre de 1940. Luis Suárez de Puga.
Alterum testimonium peritorum sic se habet. (Otro testimonio de los peritos es el siguiente:)
“Pedro Sanz Vázquez, director del Hospital Civil de Guadalajara y don Luis Sánchez López, ambos domiciliados en esta ciudad, declaran que reconocidos los restos de San María de los Dolores y Patrocinio los encuentran en el siguiente estado. La cabeza conserva íntegra recubierta de tejidos momificados. El tórax aparece deformado a causa de haberse introducido en el mismo la pelvis, sin duda a consecuencia de los movimientos del traslado y también recubierto de tejidos momificados. Ha desaparecido el abdomen. El miembro superior izquierdo se conserva íntegro, conservando sus articulaciones, a excepción de las últimas falanges de los dedos que se ha que se han desprendido; la articulación del codo está en flexión, formando ángulo ligeramente obtuso, la mano está colocada sobre lo que fue abdomen este miembro se conserva unido al tronco. El miembro superior derecho tiene el codo en la misma actitud que el izquierdo, conservándose íntegro, a excepción de las falanges; todo el miembro aparece girado hacia fuera y tanto este como el izquierdo se encuentran recubiertos de tejidos momificados. La pelvis se encuentra en la cavidad torácica conservándose íntegra y unida a los miembros interiores, de estos están recubiertos por algunos restos de tejidos momificados el fémur y al descubierto los huesos de la pierna. Aparecen desarticulados los huesos de los pies y la rótula derecha. Se encuentran sueltas algunas vísceras. Los restos no han sido movidos de la posición en que se encontraban por temor a que se desarticulasen. Sobre los restos aparecen hongos de la humedad y la caja húmeda y en algunos sitios francamente mojada. Dentro del ataúd se conservan restos de una palma, rosario, papeles y el escudo al parecer del Escapulario de la Orden. Para favorecer la desecación se coloca dentro del ataúd un recipiente de barro barnizado con cloruro de calcio. Y para que conste lo firmamos en Guadalajara a 28 de octubre de 1940. Pedro Sanz Vázquez. Luis Sánchez López.
Expleto examine peritorum, iterum arca a fabro lignario calusa fuit, et ego Notarius eamdem capsam vitta serica coloris coerulei communivi cujus extremo capita sigillo Conceptionistarum cera hispánica rubra bene impreso obsignavi. Hisce paratis, capsa reposita fuit in sepulcro ubi primum jacebat et clausa es un monmento lapideo novo long. 1,55 m. latitud. 0,80 m. quod in latere hac inscriptione munitur: HIC QUIESCIT S. D. SOR MARIA A DOLORIBUS ET PATROCINIO FUNDATRIX ET ABBATISA HUJUS MONASTERI. 27 aprilis 1811 27 januarii 1891. LUx PERPETUA. (Tras el examen de los expertos, la caja fue cerrada nuevamente por un carpintero, y yo, el notario, até una cinta de seda azul alrededor de un extremo, cuyos extremos sellé con el sello concepcionista con cera roja española, bien impreso. Una vez preparada, la caja fue colocada en la tumba donde había reposado originalmente y cubierta con un nuevo monumento de piedra, de 1,55 m de largo y 0,80 m de ancho, protegido lateralmente con la siguiente inscripción: AQUÍ DESCANSA SOR MARÍA DE LOS DOLORES Y PATROCINIO FUNDADORA Y ABADESA DE ESTE MONASTERIO. 27 de abril de 1811—27 de enero de 1891).
[1] Durante toda su vida, usó la santa jergón de paja, como tenemos de Constitución; y poco antes de morir, admitió, a duras penas y llorando, el alivio de un colchón, diciendo al mismo tiempo: ¡Hijas mías, lo que me obligáis a hacer!
[2] Antes de morir, pidió la Sierva de Dios que no bajaran su cadáver a la capilla del Sacramento, para que no le viesen los fieles.
[3] Contra lo que cuenta la autora de la Vida Admirable, buena parte de la prensa ni siquiera respetó a Sor Patrocinio en estos momentos; es más, aprovechó el relato de sus pompas fúnebres para denigrarla. Así, por ejemplo, un periódico alineado con el partido de liberal de Sagasta, ofrecía esta versión: «Aunque aquí nadie hablaba de sor Patrocinio, ni siquiera durante su enfermedad, se ordenó, para ocultar sin duda su muerte y evitar preguntas, indiscreciones y curiosidades, que no doblaran por ella las campanas, y hasta esta mañana, después del entierro, que tocaron a muerte de monja las de todos los conventos y parroquias, permanecieron mudas. Una porción de gente del pueblo acudió anoche a la iglesia del convento, y como encontrara la puerta cerrada, la aporreó, deseosa de entrar, y produjo un conato de tumulto; pero todos tuvieron que retirarse sin conseguir satisfacer su curiosidad». El Día (edición de la noche) 29-I-1891. Pág. 1. La Iberia, el órgano más directo al servicio de Sagasta, repite la misma versión de El Día en su edición del día 30 de enero y en su página 2.
