ENFERMEDAD Y MUERTE EN EL PRIMER EXILIO 1852-1854
Texto correspondiente a Biografía de Sor Patrocinio (1811-1891). Javier Paredes. Editorial San Román. Madrid 2023. Págs. 290-292
En cuanto al desarrollo del destierro, fracasaron los planes de regreso y en Burdeos la enfermedad se apoderó de la comitiva. La misma Sor Patrocinio se lo contó al comisario apostólico en una carta fechada el 2 de julio de 1853, en la que le resumió todo el viaje. Esto es lo que le dijo al máximo responsable de los franciscanos de las penalidades sufridas en el viaje, a causa de las enfermedades:
«Fuimos a Burdeos, se esperaron allí quince días y los Señores no pudieron hacer lo que deseaban. Los facultativos allí me dijeron era una fuerte afección al corazón producida por una hemoptisis, que me privaba en conciencia de caminar, pero yo decía ¿Qué he de hacer?, sino caminar. Seguimos hasta llegar a Tolosa y allí se agravaron tanto mis enfermedades, se repitieron tanto los vómitos que fue preciso detenerse allí. Cayó enfermo también el religioso que me acompañaba por orden del Gobierno, a propuesta de los reyes, y también enfermó mi amada compañera religiosa sin ser posible levantarse de la cama. Tres médicos nos asistían, y todos tres decían que ningún Gobierno podía obligar a marchar, pues quedaríamos en el camino. […] Salimos por fin de allí con mucho trabajo y a las dos leguas fue preciso parar, llamar al facultativo y, en fin, mil tragedias que no son para escritas sino para muy despacio y con mejor cabeza que la que yo tengo. Hicimos muy pequeñas jornadas hasta llegar a Carcasona, pues a mi amada religiosa compañera le acometió también un fuerte vómito de sangre a las nueve de la noche del uno de agosto [de 1852], y creíamos se quedaba en el camino, siéndonos preciso parar a cada momento y caminando así hasta las tres de la madrugada que llegamos a Carcasona, donde se llamó al instante al facultativo y declaró estar las dos religiosas enfermas de peligro y que no era posible caminar.
Fue mi hermano a verse con el prefecto y este dijo que no saliésemos hasta que los médicos lo ordenasen. El facultativo se vio con el prefecto y quedamos así en el hotel de San Juan Bautista. Yo mejoré un poco, y levantándome se presentó el día ocho de agosto un agente o comisario de policía diciéndome que inmediatamente había de salir de Carcasona, me dijo mil y mil cosas. Le dije que mi compañera religiosa permanecía en cama de peligro y no podíamos caminar, me replicó la dejase sola y que yo saliese. Resistí, pues no era justo dejarla en un hotel, en una nación extranjera, enferma y sin conocer a nadie, entonces dijo iba por gendarmes que me condujesen a la cárcel y de allí al camino. Afligida mi compañera hasta el extremo se puso peor, y a mí me acometieron terribles convulsiones, vómitos de sangre, calenturas y demás accidentes que creyeron moría. Esto dio motivo a que mi hermano diese una queja formal al embajador de España en París, el que contestó una carta oficio inmediatamente para que se presentase a la autoridad principal, el que sintió mucho el paso dado por los agentes de policía. También dirigió una exposición a su Majestad la reina y todo contribuyó a que nos dejasen tranquilos, hasta que el médico determinase, pero todo sin dejarnos la policía. Salimos de allí con mucho trabajo y llegamos a Montpellier con mil y mil detenciones, asombrados por todas partes donde pasamos. Llegamos al Hotel de Midi y en la misma hora se preguntó al amo del hotel por un médico bueno y vino en seguida, declarando que él no permitiría nunca saliésemos de esta población como no fuese para España, y eso después de mucho tiempo pues por ningún Gobierno del mundo aprobaba su conciencia hasta el extremo de asesinar a nadie, y que por consiguiente que aunque lo mandase el príncipe presidente, no salíamos de aquí»468.
Como consecuencia de estas enfermedades, el 25 de octubre de 1852 falleció Sor María Vicenta de la Presentación en el Hotel Midi de Montpellier; solo tenía 39 años. El 9 de marzo de 1853 también falleció la cuñada de Juan Antonio Quiroga. En esta situación, Sor Patrocinio recurrió al arzobispo de Toledo, que inmediatamente cursó un oficio al monasterio de las Descalzas Reales, donde entonces se encontraba la comunidad del Caballero de Gracia, para que pudieran salir de clausura dos monjas hacia Francia para relevar a las difuntas. Cuando Sor Patrocinio salió de España el mes de marzo de 1852 había dejado a su comunidad instalada en el convento de Leganitos. Pero por una acción del Gobierno, que se apropió del palacio de Osuna convertido en convento que les había dado el rey, se lo dio a los paúles y las monjas del Caballero de Gracia tuvieron que instalarse en las Descalzas Reales el 20 de julio de 1852. Allí permanecieron dos años.
En Montpellier, Sor Patrocinio encontró el apoyo incondicional del obispo de esta localidad, que le ofreció su protección y le aseguró que no iba a permitir que se moviese de allí hasta que no se recuperase su salud, por más que el Gobierno de España le ordenara lo contrario.
468 AHOFMR. Hispania generalia. SK 306. Fols. 449 recto-449 vuelto. Hasta el 2 de diciembre de 1852 no se proclamó el II Imperio de Francia, por eso en el texto se refiere a Luis Napoleón como el príncipe presidente de la todavía Segunda República Francesa.
