(Texto correspondiente a la páginas 46 a 48 de la Biografía de Sor Patrocinio, escrita por Javier Paredes)
Y como les ha sucedido a algunos santos, como al padre Pío, también Sor Patrocinio fue víctima de los ataques directos del demonio, ya desde niña, volvemos a recurrir a la información de su secretaria y biógrafa:
«Furioso el demonio con un alma tan favorecida de Dios desde los primeros años, intentó no pocas veces quitar la vida a la angelical niña Dolores; mas, como esto no le era permitido, la atormentaba de mil maneras, apareciéndosele en diversas formas, a cual más horribles, y haciendo en derredor suyo ruidos extraordinarios, percibiéndose a veces el padre de la niña Don Diego, quien, para evitarle semejantes molestias, que él no se explicaba, la mandó trasladar de habitación junto a la suya, para estar más a su cuidado. Sucedió a veces que, entrando en la habitación de su hija, se la encontró llena de animales dañinos: salamanquesas, lagartos, etc., y, al ir a matarlos, desaparecían sin saberse cómo ni por dónde».
Por otra parte, lo que normalmente en la vida de un niño es el remanso de paz y seguridad de la familia, en la infancia de Sor Patrocinio fue una tortura, pues las malas intenciones de una madre con corazón de hiena se dirigieron contra aquella criatura. Y su hermana Ramona se unió a los ataques de su madre de un modo cruel. Ramona que con los años vivió en el convento de Guadalajara, como señora de piso y coincidió con Sor María Isabel de Jesús, le contó directamente, aunque solo una parte de los malos tratos que ella y su madre prodigaron a Sor Patrocinio. Así de mal se lo hicieron pasar:
«Los juegos de la sierva de Dios en su niñez y su mayor recreación y consuelo era hacer conventitos y vestir monjitas de azul y blanco, pero su hermana Ramona extremadamente traviesa y mimada de su madre se complacía en afligir a la niña atando las muñecas con un cordón al cuello y arrojándolas al aljibe de la casa, diciéndola: “mira como ahorco a tus monjas”; la pobre niña se afligía y lloraba pero sin mover los labios ni para la queja ni para acusar a su hermanita. Lo relativo a las indicadas travesuras se lo he oído yo misma a la expresada Doña Ramona, hermana de la sierva de Dios, encomiando la paciencia de su hermana […] En otras ocasiones la dicha Ramona quitaba a sus padres algunas moneditas de plata, las escondía en los corrales y en el pajar culpando luego a la sierva de Dios, pero como el padre ni la abuelita materna podían creer a la repetida Ramona, porque comprendían sus malas intenciones, la reprendían y castigaban como era justo, resultando de esto más el odio y la aversión de la madre hacia su angelical hija, la sierva de Dios, a la cual llamaba tonta, imbécil y otras cosas parecidas».
Sí, creo que Sor María Isabel de Jesús todavía se quedó corta cuando afirmó que la madre de Sor Patrocinio tenía un corazón de hiena, porque estas bestias, a diferencia de ella, exceptúan de su comportamiento despiadado a sus crías. Ella llegó hasta lo inimaginable y a punto estuvo de asesinar a su propia hija:
«Diabólico también juzgamos el odio de Doña Dolores para con su bendita inocentísima hija, permitiéndolo Dios en sus altos juicios; y por eso, aunque con repugnancia, no queremos dejar pasar en silencio un caso horripilante que, en diversas ocasiones, hemos oído contar a testigos formales y de excepcionales condiciones de veracidad. En cierta ocasión y siendo bien pequeña esta amante madre mía Patrocinio, intentó la au- tora de sus días envenenarla y, al efecto, le dio a comer una tortilla, con la suficiente dosis de veneno para causarle la muerte, lo que efectivamente hubiera sucedido, al no proteger Dios a su escogida de un modo visible y extraordinario. Fue el caso, que, apercibiéndose del intento de la cruel madre un fiel criado de la casa, confidente de Don Diego respecto de su querida hija en estos y otros semejantes percances, dio aviso enseguida a su señor y también a la niña, previniéndola que no comiera la tortilla envenenada. Cuando Doña Dolores presentó la tortilla a su hija, el padre mandó que, inmediatamente y antes de probarla Dolorcitas, se la echasen al gato, lo que se hizo al punto, muriendo el animal al poco tiempo. Desde este día ya no se fiaban de Doña Dolores ni su esposo, ni la abuela Doña Ramona, respecto de la perseguida niña. Ella, sin embargo, mostrábase siempre cariñosa, humilde y obediente para con su madre, a la que amaba con todo su corazón».

Muchisimas gracias Señor Paredes por lo que estas haciendo para traer a conocer la vida de Sor Patrocinio a todo el mundo, muy en especial la iglesia Catolica. Que el Espiritu Santo lleve acabo tu labor para mayor Gloria de Dios.🙏🏼
Me ha impactado esta historia y la devoción cristiana que se le profesa. Si ha de realizarse y culminar el proceso de beatificación que así sea y cuanto antes, para mayor Gloria de Dios. Que ruege por mi y mi familia. Yo le pido también que interceda por mis intenciones. Amén.