

A continuación de las 80 fotografías de las páginas originales de la novena transcribimos y anotamos el texto en Word
















































































NOVENA A LOS ÁNGELES CUSTODIOS DE LAS COMUNIDADES RELIGIOSAS
DEDICADA A LAS RELIGIOSAS
Madrid. Imprenta y fundición de D. Eusebio Aguado. 1852. 82 páginas
NOS EL LICENCIADO DON JUAN MANUEL VELASCO, PRESBÍTERO, VICARIO ECLESIÁSTICO DE ESTA HEROICA VILLA DE MADRID Y SU PARTIDO, ETC.
Por la presente, y por lo que a Nos toca, concedemos licencia para que pueda imprimirse y publicarse la Novena de los Santos Ángeles Custodios de las Comunidades de Religiosas, mediante que de nuestra orden ha sido examinada y no contiene, según la censura, cosa alguna contraria al dogma católico y sana moral. Madrid veinte y dos de septiembre de mil ochocientos cincuenta y dos. = Lic. Velasco .= Por su mandado, Ramón de Orduña.
PRÓLOGO
Altísima disposición de la divina Providencia ha sido siempre, el que las cosas inferiores dependan de las superiores. Así dispuso Dios nuestro Señor, que siendo nuestra alma espiritual, fuese guardada y defendida por un espíritu nobilísimo y bienaventurado; beneficio tan singular que no podemos nunca agradecerle debidamente: y no contento el amor de nuestro Dios con habernos dado a cada uno nuestro Ángel Custodio, señaló otros para que guardasen las monarquías, provincias y pueblos particulares.
Y habiendo después dispuesto y ordenado las Comunidades Religiosas, siendo una porción tan amada de su corazón, señaló a cada comunidad un Ángel de la primera jerarquía y tercer coro, que son los Principados, para su custodia y defensa; beneficio general hecho a todas las Comunidades, y también muy generalmente olvidado de todas. Que esto sea una ingratitud muy grosera no es necesario ponderarlo, y también queda disculpada por no haber sido practicada, pues la ignorancia no nos permite hacer muchas cosas que nos fueran muy útiles y provechosas. Que sea debida la correspondencia a los beneficios que de mano de nuestro Ángel recibimos, de ellos mismos se infiere, pues si día y noche se emplea en nuestra custodia y cuida de todas las cosas pertenecientes a nuestra Comunidad, así espirituales como temporales, razón será que alguna vez hagamos memoria para agradecérselo, y tributarle algún obsequio por tantos favores recibidos, y también para obligarle más, implorando su custodia y amparo en todas nuestras necesidades, obligándole también con la confianza en sus ruegos, tan poderosos para con el Altísimo; y no dudemos que en estos calamitosos tiempos, en que ha sufrido la religión tan notable detrimento, él será poderoso para librarnos de los males que nos rodean y peligros que nos amenazan, pues si una Comunidad ha practicado desde sus principios esta devoción, ella nos pudiera decir los favores que ha recibido de su poderosa mano, y aun los patentes milagros con que la ha librado de muchos peligros.
Luego que tuve la dicha (aunque por un infortunio) de pisar los claustros de esta santa casa, donde fui trasladada con mi Comunidad, me agradó mucho la devoción que tienen a su santo Ángel custodio, y me vino la idea de escribir esta Novena, pero me detuve mucho tiempo reconociendo ser insuficiente para esto [1]; y considerando que lo que yo alcance a decir será muy desigual a lo que se pudiera en este asunto, me determiné a ofrecer esta pequeña obra a mi amada Comunidad y a todas las Comunidades Religiosas, deseando solo proporcionarlas esta devoción, que tengo por muy útil y provechosa: y yo, la menor de sus hermanas (aunque indigna de serlo), las exhorto con todo el encarecimiento posible a la práctica de esta devoción. Muy útil nos fuera tener a la vista su imagen que nos le representara; más si esto no nos es fácil, a ninguna nos puede ser difícil su devoción, pues sabemos que un espíritu nobilísimo nos guarda, y está al cuidado de todo lo que toca a nuestra Comunidad. Y si veneramos y damos culto a otros Santos, y fiamos nuestros negocios y cuidados a su intercesión, ¿con cuánta más razón se los podemos fiar a nuestro Ángel, que está al frente y cuidado de cuanto pueda ocurrir en nuestra Comunidad, pues esto le ha encomendado el Señor, y ellos son espíritus diligentísimos para cumplir su voluntad? y es cierto que a ninguno de los Santos debemos tantos favores como a nuestro Ángel, pues él vela continuamente sobre nosotras, y nos defiende de nuestros enemigos visibles e invisibles, según que es la voluntad de Dios.
Advierto que aunque el título diga Novena a los Ángeles custodios de las Comunidades Religiosas, cada Comunidad la ha de dirigir y ofrecer a su Ángel particular, pues con esta intención se escribe; que siendo de un mismo coro, y ejercitando todos para con nosotras un mismo oficio, se les pueden ofrecer las mismas alabanzas: y sea para gloria de Dios, culto de los santos Ángeles y bien de nuestras Comunidades.
DÍA PRIMERO
Hecha la señal dela Cruz y Acto de contrición, se dice lo siguiente
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Altísimo Señor y Dios eterno, de infinita bondad, majestad y grandeza, Señor omnipotente, incomprensible, Dios trino y uno, a quien todas las criaturas alaban y bendicen; yo, la más vil de todas, os adoro y magnifico, porque en el principio del tiempo, habiendo criado los cielos y la tierra, disteis ser a cuanto le tiene, sacando de la nada a tantas criaturas, ordenándolas a vuestra gloria. Os engrandezco, Señor mío, porque dispusisteis la naturaleza Angélica para cortesanos del Cielo, criándolos en tanto esplendor de naturaleza y gracia. Ellos fueron las estrellas matutinas, criados en la primera alborada de la mañana de vuestras obras, ordenando aquella celestial milicia en tres Jerarquías y nueve Coros [2]. Os doy gracias y alabanzas porque, habiendo arrastrado el infernal dragón en su enroscada cola la quinta parte de estas estrellas del Cielo, vos disteis la perseverancia a los que quedaron, confirmándolos en gracia y después en gloria. Y porque dispusisteis que todos nos ayudasen, conforme a lo que dijo San Pablo: que todos son espíritus empleados en beneficio de los predestinados. Los Serafines desean encendernos en vuestro divino amor, los Querubines comunican luz de ciencia, los Tronos ayudan a la administración de justicia, las Dominaciones procuran que la razón predomine sobre el apetito, y que con obediencia nos sujetemos, las Virtudes con milagros nos alientan, las Potestades reprimen los demonios y los que nos quieren dañar, los Principados, Arcángeles y Ángeles todos se emplean en guardar a los hombres, según sus ministerios y oficios, librándolos de trabajos, como sucedió a los dos Tobías, y consuelan a los desconsolados, como confiesa de sí el profeta Zacarías, diciendo: “el Ángel del Señor hablaba en mí palabras consolatorias y buenas.” A vos, Dios mío, doy las gracias de tantos favores como por su mano recibimos; y reconociéndome incapaz de corresponder a tanta misericordia vuestra, pido a los Ángeles os sirvan, los Arcángeles os respeten, los Tronos os honren, las Dominaciones os adoren, las Potestades os teman, los Serafines os amen, los Querubines os reverencien, y todos los Santos os alaben y engrandezcan; y juntando mis pobres alabanzas con las suyas, os doy gracias por el Ángel que habéis dado para guarda y custodio de nuestra Comunidad; y os pido que ayudéis nuestra flaqueza, para que correspondiendo agradecidas a vuestra misericordia, tengamos la dicha de entrar algún día a alabaros y bendeciros por eternidades en su compañía y de todos los bienaventurados en vuestra gloria. Amén.
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios te salve, Ángel de Dios, Príncipe nobilísimo, guarda, custodio, protector, amparo, refugio y consuelo de nuestra Comunidad; Dios te salve, Ángel santo, ayo amorosísimo nuestro: gózome de que Dios te haya criado en tanta grandeza y santificándote con su gracia, perseverando en ella hasta que alcanzaste la gloria. Gracias doy al Todopoderoso y amorosísimo Dios por las mercedes que te ha hecho, y también le alabo y bendigo porque nos dio a ti para guarda y custodio de esta Comunidad. Yo te la encomiendo con todo el encarecimiento y afectos de mi pobre corazón. Y pues a ti nos dio el Cielo para guarda de esta pequeñuela grey, a ti acudimos y encomendamos todos nuestros cuidados y deseos, y de ti esperamos tengan feliz logro nuestras esperanzas. Sí, Ángel santo, amparo y refugio nuestro, cuida de todas y de cada una de tus encomendadas, guíanos en este destierro por los caminos de santidad y justicia, hasta que nos presentes cual Vírgenes en pureza al dulcísimo Cordero que se apacienta entre las castas azucenas. Llévanos en tus manos, para librarnos de tantos peligros como nos rodean en este destierro, y guíanos hasta introducirnos en el celestial aprisco. Para lograr esta felicidad te encomendamos nuestro cuerpo y alma, memoria, entendimiento y voluntad, y nuestros apetitos y sentidos, para que nos guardes defiendas y gobiernes, y juntamente nos purifiques, alumbres y perfecciones de tal manera, que llenas por ti de todos los bienes, perseveremos siempre en gracia, hasta que en unión contigo veamos y gocemos de Dios en la gloria. Amen.
Se rezan tresPadre nuestrosa la Santísima Trinidad, dándola gracias por haber criado a los Ángeles, y se hace la petición.
LECCIÓN PARA EL DÍA PRIMERO
Ecce ego mittam Angelum meum, qui proecedat te, et custodiat in via, et introducat in locum quem paravi: obsecra eum, et audi vocem eius.
He aquí que yo enviaré mi ángel, que vaya delante de ti y te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que he preparado: reverénciale y escucha su voz.
Habiendo el Señor determinado librar a su amado y escogido pueblo de Israel de la penosa cautividad que por tan largo tiempo padecía, y habiéndole dado caudillos visibles en Moisés y Aarón, les envió un Ángel, a quien recomendó con tan poderosas palabras para que, como ejecutor de la voluntad divina, a fuerza de prodigios y milagros les librase de sus enemigos; así a nosotras, habiéndonos hecho el mayor de los beneficios, habiéndonos escogido para su pueblo amado por medio de la vocación al estado Religioso, y sacándonos de la terrible cautividad del siglo para ponernos en este seguro puerto que lleva a la verdadera tierra de promisión, nos señaló este Ángel para que hiciese con nosotras los oficios que el otro con su amado pueblo. Él nos libra de nuestros enemigos; y habiendo quedado degollados los primogénitos de nuestra libre voluntad en las aras de la religión, nos pasa a pie enjuto por este mar, quedando tantos sumergidos en sus encrespadas olas: él es la nube con que nos cubre el Señor para que no nos atormenten los ardores del sol, y la columna de fuego con que en las tinieblas de la noche nos alumbra; y podemos considerar como dichas a nosotras las palabras con que recomendó el Ángel del pueblo de Israel: Reverénciale y escucha su voz, dice; y ¿Cuántas veces sentiremos su interior inspiración, que es la voz con que nos exhorta a que mejoremos nuestra vida, ajustándola más a las obligaciones de nuestro estado? Pues oigamos esta dulce voz del que nos ha puesto Dios para custodio y amparo nuestro, y no frustremos los altísimos fines de aquel Dios de amor que nos señaló tal protector y amparo. Oigamos su voz como los hijos de Israel, que habiéndoles hecho una plática reprendiéndoles sus pecados, fueron movidos a grande contrición y lágrimas; no seamos aún más duras que aquel ingrato pueblo; observemos los caminos por donde nos guía a la verdadera tierra de promisión, pues él se desvela en nuestra custodia; procuremos darle gusto y seámosle agradecidas, pues siendo tan superior en naturaleza, con tanta humildad nos sirve; y dirigiéndole ahora un suspiro de lo íntimo del corazón imploremos su patrocinio.
ORACIÓN
¡Oh Ángel santo, custodio, guarda y protector nuestro; te suplicamos que así como el pueblo de Israel fue libertado de todos sus enemigos por mano de su Ángel, y lleno de bienes, y el justo Loth del fuego de Sodoma, y Balaan detenido para que no maldijese al pueblo de Dios, seamos libres por tu piedad de todos los peligros de alma y cuerpo, y presentadas por ti a nuestro dulce dueño; y concediéndonos lo que pedimos en esta novena, lleguemos a gozar en tu compañía la vista clara de Dios en el Cielo. Amén.
Antífona. Visita, Sanctissime Deus, habitationem istam, et omnes insidias inimici ab ea longe repelle. Angeli tui Sancti habitent in ea, qui nos in pace custodiant, et benedictio tua sit super nos semper.
V.- Vidi portam Jerusalem ab oriente positam.
R.- Et super muros eius Angelorum custodiam.
OREMUS
Omnipotens sempiterne Deus, qui Angelicam custodiam in hominum utilitatem multipliciter contulisti; concede propitius, ut huius Monasterii Matris Dei de Conceptione praesul, vel N. N., et Custos Angelus, locum istum et nos ab instantibus periculis animae et corporis, futurisque adversitatibus protegat et defendat. Per Christum Dominum nostrum. [3]
DÍA SEGUNDO
Todo como el primero, excepto lo siguiente
LECCIÓN
Nec contemnendum putes, quia non dimittet cum peccaveris, et est nomen meum in illo.
Ni juzgues que se le ha de despreciar porque cuando pecares no te lo pasará, en él está mi nombre.
Nada obliga menos a la Divina misericordia para no proseguir sus favores con nosotros, que la ingratitud y mala correspondencia en los recibidos; así, dando a los israelitas el Ángel para que los guiase en su largo viaje, les recomienda el agradecimiento, les amenaza con el castigo si
le despreciaren, y les pondera su dignidad, diciendo: en él está mi nombre; habiendo sido llamadas nosotras a la religión, que es a la mayor grandeza y dignidad que podíamos desear, y la mayor de las dichas que se pueden imaginar, pues solo el ser llamadas de tan gran Señor, aunque no fuera a tan alto estado, fuera grande honra, mucho más llamando el Divino Esposo a la esposa con tan tiernas palabras como por Salomón la dice: ven del Líbano esposa mía; ven del Líbano, ven, serás coronada. ¿Pues qué deberíamos hacer considerándonos llamadas con tanto amor para llenarnos de beneficios y favores? ¿Cuál debiera ser nuestro agradecimiento y correspondencia a este tierno amor? Como también se le debemos por habernos dado a nuestro Ángel custodio, pues si a los de Israel les encarga el mismo Señor y avisa que no es para ser menospreciado, no tenemos menos obligación nosotras, pues no es menos solicito de nuestro bien que el otro lo fue del pueblo de Dios. Si él endulzó las aguas amargas para refrigerar su sed, este también con sus inspiraciones y solícito cuidado nos endulza los trabajos y penalidades de nuestro estado; si los mantuvo con el maná del Cielo, este nos purifica para que lleguemos con mayor pureza a la Eucaristía, que es el verdadero maná, que era figurado por el otro; si hizo salir vertientes de aguas dulces de una piedra, este nos ayuda para que, acertando a herir en la verdadera piedra, Cristo, salten de él las aguas vivas que lleguen a la eternidad: pues correspondamos a tan gran ternura, y seamos fieles a los favores que por su mano recibimos, porque el mismo Señor recomienda, y en esto le daremos gusto; advirtiendo también que nos amenaza con el castigo si, ofendiendo a quien por tantos títulos debemos amar y servir, somos ingratos a las misericordias divinas. Miremos que no en vano nos le representa su imagen con el azote en una mano y la corona en la otra; atendamos a que el nombre de Dios está en él, e implorando ahora su dulcísimo patrocinio y amparo, digamos la siguiente
ORACIÓN
Oh hermosísimo Ángel, nos gozamos de las muchas prerrogativas con que te enriqueció el Altísimo Dios, imán de nuestros corazones; te pedimos que detengas el brazo de Dios airado, para que no nos castigue como nuestras culpas merecen; así como otro Ángel detuvo el de Abraham al tiempo mismo que iba a efectuar el sacrificio del inocente Isaac. Alcánzanos el don de verdadera penitencia, para que por ella obtengamos el perdón de nuestras culpas, como le alcanzaron los ninivitas de las suyas; inclinad a nosotras la Divina misericordia, y concediéndonos lo que te pedimos en esta novena, tengamos la dicha de llegar algún día en tu amable compañía a alabar por eternidades la Divina misericordia. Amén.
DÍA TERCERO
LECCIÓN
Quod si audieris vocem eius, et feceris omnia quae loquor, inimicus ero inimicis tuis, et affligam affligentes te, et praecedet te ángelus meus.
Mas si oyeres su voz e hicieres todo lo que digo, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligen, e irá delante de ti mi ángel.
Habiendo sido libertadas nosotras de la peligrosa cautividad del siglo solo por un efecto de la bondad Divina, que rompió aquellas cadenas que nos ligaban a un mundo engañador, en cuyo peligroso golfo cada día naufragan innumerables almas, ¡qué santa alegría debe inundar nuestro corazón al vernos llamadas de tan amoroso Dios, y escogidas para esposas del Divino Cordero sin mancilla, que es vistoso en hermosura más que los hijos de los hombres! Mas siendo cierto que a pesar de haber dejado tantos enemigos en el siglo los domésticos nos siguieron a la religión, y el mundo, demonio y carne pretenden hacernos guerra aun en este sagrado puerto, el Señor, ocurriendo a nuestra necesidad y compadecido de nuestra flaqueza, nos dio este Ángel, nuestro escudo y defensa, prometiéndonos que si oyésemos su voz e hiciésemos lo que el mismo Señor nos dice, será enemigo de nuestros enemigos, y afligirá a los que nos afligen. Así, si los enemigos domésticos se nos rebelan, que son nuestras pasiones, concupiscencias y apetitos desordenados, acudamos con dulce confianza a este Ángel que nos dio el Cielo para que nos ayude en los peligros, nos aliente en los trabajos y nos libre de nuestros enemigos. Si nos acobarda verlos tan formidables contra nosotras, no dudemos que levantando los ojos al Cielo con mayor consuelo que el criado de Eliseo, veremos que pelean más por nosotras que contra nosotras; el los destruirá y consumirá, según se dice también del Ángel que luchó con Jacob. Si el mundo, demonio y carne aún nos quieren sumergir en sus embravecidas olas, acudamos a nuestro valedor con confianza, que será para nosotras el Ángel del Paraíso, que no dejará entrar cosa que pueda inficionar nuestros claustros. También nos librará del demonio, como San Rafael libró a Tobías del pez que le quería devorar, teniendo el consuelo de verle palpitar y morir a sus pies. Así en nuestras tentaciones, peligros y trabajos, confiemos del que nos ha dado Dios mandándole de su alto Cielo para que ayude nuestra flaqueza. Fuerte es, poderoso es, prudente es; confiemos en él, pues le manda Dios que vaya delante de nosotras, y él tiene no solo poder, más grande amor, con que desea solo nuestro bien. Pues pidámosle con amor y reverencia su poderoso auxilio.
ORACIÓN
¡Oh Ángel santo, refugio y amparo nuestro!, te suplicamos que atendiendo a las miserias y peligros de que estamos rodeadas, pues en esta vida miserable continuamente nos dan guerra las pasiones, el mundo, demonio y carne, que son declarados enemigos de nuestra salvación, nos ayudéis, compadecido de nuestra flaqueza, alcanzándonos de nuestro dulcísimo Esposo los auxilios necesarios, y su divina gracia, para vivir con la perfección correspondiente a nuestro estado, para que coronadas por ti de misericordias, tengamos la dicha de serlo algún día en tu compañía en la gloria. Amén.
DÍA CUARTO
LECCIÓN
Non accedet ad te malum, et flagellum non appropinquabit tabernaculo tuo: quoniam angelis suis mandavit de te, ut custodiant te in omnibus viis tuis.
No se llegará a ti el mal, ni se acercará azote a tu habitación, porque mandó a sus ángeles cerca de ti que te guarden en todos tus caminos.
¡Con qué alegría y consuelo vería Noé que en medio de la inundación de las aguas del Diluvio, el Arca se empezaba a levantar sobre las aguas, y que habiendo de perecer cuanto tenia ser fuera de ella, en ella se salvarían cuantos tenían la dicha de habitarla! ¡Qué gracias daría al Todopoderoso, y por cuán bien empleado daría su trabajo! Así podemos darlas nosotras al considerar que en este Arca de la Religión estamos libres de tantos trabajos y peligros como rodean a los que viven en el siglo; mas advierta mucho la religiosa, que si saliere de este asilo con el espíritu, y anduviese vagueando por la vasta región del mundo que una vez dejó, no podrá tener consuelo ni descanso; no hallará esta paloma donde sentar su pie, y estará expuesta a perecer en la inundación de las aguas, si el piadoso padre Noé no extiende la mano de su misericordia, y la introduce al verdadero asilo, que es esta Arca. Igual debe ser nuestro consuelo al considerar que Dios nos promete por su Profeta, que no se acercará a nosotras el mal, ni el azote llegará a nuestra morada, porque mandó a su Ángel que tenga cuidado de nosotras. El verdadero mal que podemos padecer es la culpa; los trabajos con que Dios piadosamente nos aflige no son males, aunque penosos; antes, si bien nos aprovechamos, son bienes, pues nos ayudan a expiar nuestros pecados y alcanzar el Cielo. Bien pudo nuestro Dios salvarnos con sola su misericordia; sin embargo, no quiso que fuese sino a costa de padecer su santísimo Hijo; de suerte que el mayor de los bienes que esperamos nos fue granjeado a costa del mayor padecer que se ha conocido en el mundo. ¿Mas qué dulzura y consuelo nos puede inspirar la providencia de Dios con nosotras, en darnos este Ángel que nos guarde en todos nuestros caminos? Podemos ponderar con San Bernardo aquellas consoladoras palabras: Mandó a sus Ángeles cerca de ti sobre las cuales dice el santo: ¡Oh cuán grande reverencia debe infundirte esta palabra! ¡Cuán grande devoción causarte! ¡Y cuán grande confianza darte la reverencia por su presencia, la devoción por su benevolencia, la confianza por su guarda! Con estas tres cosas debemos ser agradecidas a Dios y a su Ángel, pues con tanto amor nos guarda, y no permite llegue el mal a este tabernáculo que nos dio el Cielo como seguro asilo. Confiemos pues en quien es tan poderoso, y que tanto nos puede alcanzar de Dios.
ORACIÓN
¡Oh Ángel glorioso de Dios, espíritu, soberano, guarda y custodio nuestro! Te rogamos humildemente que tus ruegos nos amparen, tu fortaleza nos defienda, tu virtud nos esfuerce y perfeccione; y pues por un efecto de la divina misericordia te tenemos a ti por nuestra guarda y defensa, guíanos en todos nuestros caminos, ampáranos en nuestras necesidades, fortalécenos en nuestras flaquezas, para que acertemos a dar gusto a nuestro Amado, y alcanzándonos lo que pedimos en esta novena, tengamos la dicha de ser presentadas por ti a la divina Majestad, para alabarle en tu compañía por los siglos de los siglos en el Cielo. Amén.
DÍA QUINTO
LECCIÓN
In manibus portabunt te ne forte offendas ad lapidem pedem tuum: super aspidem et basiliscum ambulabis, et conculcabis leonem et draconem.
Te llevará en sus manos para que acaso tu pie no tropiece piedra; sobre el áspid y el basilisco andarás, y pisarás al dragón y al león.
Que llenas de una santa alegría podemos decir con el Profeta: el Señor, solo por un efecto de su misericordia, me miró desde el Cielo y me levantó, me recibió y sacó de las ondas, donde iba a perecer. Así, esposas de Cristo, solo su bondad os sacó de los repetidos peligros y miserias del siglo, en donde tanto hubierais peligrado, y os levantó a la mayor grandeza que pudo daros en esta vida, pues por vuestro estado, por el dulce título de esposas, los Ángeles os respetan, y esto sin haber de vuestra parte algún motivo, y solo porque os amó; y traídas a este seguro puerto de la religión, viendo que la vida es milicia sobre la tierra, y nunca permanecemos en un estado, ocurriendo a los pasos peligrosos que habíamos de pasar, nos señaló y dio este Ángel para que en sus manos nos llevase, para que no ofendan nuestros pies las piedras y caminos peligrosos por donde habíamos de pasar, sirviéndonos sus manos de litera que nos lleva, ampara y levanta del suelo, y nos defiende de las injurias del aire y de los tropiezos de la tierra; y nos promete que con su amparo y defensa andaremos sin temor sobre áspides y basiliscos, y hollaremos los leones y dragones; pues si por nuestra parte somos la misma flaqueza, Dios nos ha puesto este Ángel para que sea nuestra fortaleza, y haga con nosotras los oficios que en otro tiempo San Rafael con el joven Tobías, a quien libró del pez que quería devorarle, y le animó para que le cogiese, y de sus carnes hizo sustento para todo el camino, de su corazón se aprovechó para ahuyentar al demonio Asmodeo, que pretendía ahogarle, y de su hiel hizo medicina para sanar a su padre ciego, dejando a todos contentos y llenos de bienes: y este Ángel acude muy particularmente a quitar los estorbos de nuestra salvación, y como fue revelado a San Juan en su Apocalipsis, pelea valerosamente por nosotras contra los demonios, y asiste en nuestras batallas y tentaciones para defendernos; y si nos aprovechamos de su valor y consejo será nuestra la victoria; por lo cual dijo David que el Ángel del Señor rodea por todas partes a los que le temen, para ayudarlos. Pues fiemos del que nos dio el Señor para nuestro amparo y defensa; es tan bueno que no desea más que nuestro bien, tan poderoso que no puede ser vencido, y tan sabio que no puede ser engañado: acudamos a él con confianza.
ORACIÓN
¡Oh Príncipe soberano que asistes a nuestra guarda! ¿Qué gracias te daremos por los muchos bienes que de tu mano recibimos? Repetiremos las palabras de Tobías: Ángel nuestro benditísimo, aunque nos entreguemos por tus siervas no será digna paga de tu amorosa providencia. Henos aquí ofreciéndonos por esclavas; lleva adelante lo que has empezado, hasta que nos pongas en la casa de nuestro Padre celestial, ricas y prósperas, y para lograr esta dicha purifícanos de vicios, ilústranos con virtudes, y perfecciónanos con la unión de caridad para alabar a Dios eternamente. Amén.
DÍA SEXTO
LECCIÓN
In conspectu Angellorum psallam tibi, adorabo ad templum sanctum tuum, et confitebor nomini tuo.
A la vista delos Ángeles salmearé a ti, adoraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre.
Rescatadas por el amor divino de la penosa cautividad del siglo, rotas las cadenas que nos aprisionaban a sus abominables máximas y las redes en que estábamos enredadas, colocadas en el asilo de la religión, estamos estrechamente obligadas a ofrecer al Señor un continuo sacrificio de alabanzas: este es el tributo que nos exige por la misericordia que con nosotras ha usado, y David exhorta a alabar al Señor a todos los que están en su casa, y habitan sus atrios. ¿Cuál debe ser nuestro esmero en ofrecer al Señor este sacrificio de alabanzas que nos pide? Aquel gran Dios que habiendo libertado al pueblo de Israel de la cautividad de Egipto les puso este precepto como testimonio de su gratitud y reconocimiento, quiere ser alabado por nosotras, haciéndonos en esto un gran favor; ¿pues quién somos para tener tan alto empleo, propio de los Ángeles? Y habiéndonos dado el Ángel custodio de nuestra comunidad, él nos ayuda de tres modos, exhortándonos a orar y a las alabanzas divinas, avivándolas, y presentándolas al Señor. Como San Juan vio a uno de los mayores Ángeles que estaba delante del altar con un incensario de oro para ofrecer en él a Dios las oraciones de los santos, y vio también a otros cuatro Querubines, y otros ciudadanos del cielo, que tenían pomos de oro llenos de suaves olores, que eran las oraciones de los que estaban en gracia; y cuando Tobías oraba y se ejercitaba en obras de misericordia, el Ángel San Rafael ofrecía sus oraciones al Señor. Pues no nos hagamos nosotras indignas de que nuestro Ángel presente nuestras oraciones, nuestros votos y alabanzas a aquel Dios de amor, a quien sabemos no agradan ni recibe las obras tibias y remisas. Consideremos a nuestro Ángel siempre ocupado en alabar a Dios, y no podrá menos de excitarnos, según que nuestras fuerzas alcanzan, a las continuas alabanzas, pues por nuestro estado debemos ser en la tierra compañeras de los Ángeles del Cielo. ¡Qué dignidad, qué grandeza, qué amor el de nuestro Dios, pues con razón nos pudiera decir aquellas palabras: ¿Quién eres tú para publicar mis alabanzas? Mas no es así, antes quiere que le alabemos, y nos pone precepto de ello. Pues no seamos tardas; no demos disgusto a un Dios que nos pide este sacrificio de alabanzas, y a nuestro Ángel dejándole desconsolado, en cuya compañía le hemos de alabar eternamente.
ORACIÓN
¡Oh Ángel santo, don de la piedad divina! Humildemente te pedimos purifiques nuestros labios, así como el Serafín purificó los de Isaías, para que el Altísimo reciba nuestras alabanzas; y que así como el águila revoloteando sobre sus hijuelos los incita, provoca y enseña a volar, así tú, Ángel Santo, hagas con nosotras, solicitándonos para que oremos, acompañándonos para que en tu presencia alabemos al Señor y confesemos su nombre, enciende nuestra oración en fuego de fervor, para que suba por tu mano a la presencia de nuestro Criador, y de ella salga bien despachada. Concédenos juntamente lo que te pedimos en esta novena, para que vayamos a gozar de Dios en tu compañía por los siglos de los siglos en el Cielo. Amén.
DÍA SÉPTIMO
LECCIÓN
Benedicite Domino omnes Angeli eius: potentes virtute, facientes verbum illius, ad audiendam vocem sermonum eius.
Bendecid al Señor todos los Ángeles de él: poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra para obedecer la voz de sus órdenes.
Esta es la voluntad de Dios, nuestra santificación; dichas a nosotras estas palabras no podemos desconocerlas habiéndonos traído a la Religión; como tampoco que el medio más oportuno es cumplir la voluntad de Dios, oyendo la voz de su palabra. Esta se nos manifiesta en nuestra regla, constituciones y obligaciones de nuestro estado, y mucho más en aquella dulce voz que el divino Esposo inspira en nuestros corazones, con que nos convida a hacer su voluntad, que es nuestra santificación. Esta dicha tienen los cortesanos del cielo, pues siempre en aquella celestial Jerusalén se ejecuta la voluntad de Dios, y por cumplirla hacen tantos y tan buenos oficios los Ángeles con los hombres, pues todos corren con presteza, como dice David, oyendo la voz de su palabra, a ejecutar su voluntad: por esto se emplean en la guarda de los hombres desde el principio mundo, y aunque sean muy pecadores no se desdeñan de hacerlo; por lo mismo se emplean en tantos oficios humildes, sin reparar en la diferencia que hay de su naturaleza a la nuestra; al pueblo de Dios mantuvieron con el maná del Cielo, no obstante ser tan ingrato; para bien de los siervos de Dios no se sabe lo mucho que han hecho; al patriarca Jacob cuando se volvía a su tierra le salieron a recibir los Ángeles de Dios, y viéndolos el Santo dijo, que eran ejércitos del Señor, porque vio en aquel puesto dos ejércitos de los Ángeles tutelares de dos provincias, los unos que le habían acompañado hasta aquel lugar y se despedían de él, y los otros que salían a recibirle para acompañarle desde allí adelante y defenderle; a Elías dio el Ángel el pan subcinericio [4], con que caminó hasta el monte de Dios; y otro llevó a Ezequiel al lago de los leones, donde estaba Daniel, para que no pereciese aquel siervo de Dios; y puede ser admiración del mundo lo que San Rafael siendo espíritu tan soberano hizo con los dos Tobías; y su misma humildad y obediencia les ha empleado también en los mayores oficios y de más honor que ha habido en la tierra, pues siendo nuestro Salvador Dios y hombre verdadero, en la agonía del huerto quiso ser consolado por un espíritu Angélico. Y no descuidando nuestro Ángel las cosas pertenecientes a nuestra Comunidad, por habérselas encomendado Dios, no seamos ingratas en agradecérselas, y corresponder al amor con que lo hace. Miremos su dignidad y grandeza; y pues lo hace todo alabando a Dios por cumplir su voluntad, imitémosle en esto nosotras.
ORACIÓN
¡Oh Ángel soberano, ministro del Altísimo!, que con presteza y lealtad oyes la voz de su palabra para con prontitud ejecutarla; te suplicamos que a imitación tuya seamos fieles y diligentes en cumplir su voluntad, oyendo sus inspiraciones, siendo fieles en el cumplimiento de su ley santa, observantes en las obligaciones de nuestro estado, y constantes y fervorosas en su divino amor, para que sirviéndole con lealtad en este destierro, tengamos la dicha de ser introducidas por ti en la patria celestial, a ver al que es único objeto de nuestros deseos, y alabarle por eternidades en tu compañía. Amén.
DÍA OCTAVO
LECCIÓN
Vidi alium Angelum descendentem de coelo, habentem potestatem magnam, et terra illuminata est a gloria eius.
Vi descender del Cielo otro Ángel que tenía gran poder, y la tierra fue esclarecida de su gloria.
Entre los innumerables beneficios que de la liberal mano de Dios hemos recibido, es muy singular el habernos dado por guardas y tutelares nuestros a los Ángeles, siendo espíritus tan soberanos, y que le ven claramente. Muy grande amor nos muestra Dios nuestro Señor en esto; y si se admiró David que se acordase del hombre haciéndole poco menos que a los Ángeles, ¿cuánto más justo será nos maravillemos que cuidase tanto de él, que no solo criase para su servicio todos los elementos y cuanto hay en ellos, sino que también le diese por guardas los Ángeles del Cielo, siendo naturalezas tan nobles, excelentes y santísimas, y que están gozando de su divina presencia? Para estimar más este favor se debe considerar la excelencia de la persona del Ángel, y los oficios que con nosotras hacen. Es tan sublime y hermosa la naturaleza Angélica que un Ángel solo que vio Daniel, aunque era del ínfimo coro, no pudiendo el profeta sufrir el resplandor que despedía de sí, quedo atónito y sin habla de pura admiración y espanto; y San Anselmo dice que si se volvieran las estrellas del Cielo otros tantos soles, sobrepujaría al resplandor de tantos soles juntos la hermosura y claridad de un solo Ángel. Pues estas personas tan nobles, estas naturalezas tan admirables están a nuestro lado, nos acompañan en todo lugar y tiempo, y miran por nuestro bien con toda diligencia, y con tanta presteza y prontitud que para significarlo nos los pintan con alas y los comparan al viento. Pues este espíritu tan sublime y hermosísimo nos dio el Esposo de nuestras almas, para que como piloto rigiese y gobernase esta nave, y cuidase nuestra comunidad; y bajando del Cielo en nuestra ayuda con grande potestad, podemos tener la consoladora y dulce esperanza que, peleando por nosotras y con nosotras contra nuestros enemigos, caerán mil a nuestra siniestra y diez mil a nuestra diestra. No olvidemos ni despreciemos su fortaleza, pues puede y quiere ayudar nuestra flaqueza. Confiemos también que si su resplandor basta a iluminar la tierra, si no nos hacemos indignas con nuestra desatención y olvido, nos comunicará un rayo de la ciencia de que está lleno. Como el maravilloso Ángel que vio San Juan, que le trajo un libro y se le dio a comer para profetizar otra vez a las gentes, y a otro vio, que iluminó a la tierra. Pidamos esta gracia a nuestro Ángel, pues no nos la negará si con humildad la deseamos para más agradar a nuestro Dios.
ORACIÓN
¡Oh espíritu sapientísimo, que siendo lleno de poder y gloria te empleas con tanta humildad en nuestra guarda y custodia! Te pedimos humildemente nos comuniques un rayo de la divina luz, que tú tan de cerca participas; y pues siendo glorioso no puedes dejar de estar lleno de ciencia divina, enséñanos la verdadera ciencia, que es amar y temer a Dios. Ábrenos tu amante pecho, en donde reverbera la Divinidad, para que en ti, como en espejo, hallemos señas de nuestro Amado, y veamos una huella de su encantadora hermosura. Concédenos esta gracia, y muchas bendiciones del Cielo, para que en tu compañía vayamos a alabar y bendecir a nuestro dulce Esposo por eternidades en el Cielo. Amen.
DÍA NOVENO
LECCIÓN
Angeli eorum in coelis semper vident faciem Patris mei qui in coelis est.
Sus Ángeles en los cielos siempre ven la cara de mi Padre, que está en los cielos.
Si nuestro dulcísimo Salvador nos enseñó y amonestó que no despreciásemos a ningún pequeñuelo por respeto de su Ángel, que ve la cara de su Padre Celestial, ¿qué respeto querrá que tengamos nosotros a los mismos Ángeles, pues son criaturas tan bellas y amables? Y aunque su humildad es tanta que después de haber encarnado el Hijo de Dios no permitió uno a San Juan que le adorase, no debemos nosotras faltar al respeto, amor y reverencia que les debemos. ¿Y qué obligación tan estrecha nos correrá a nosotras de reverenciar, amar y corresponder con el debido agradecimiento a los favores que recibimos del Ángel Custodio de nuestra Comunidad, pues tantos y tan buenos oficios hace con nosotras? ¿Y qué confianza nos debe inspirar, siendo bienaventurado, pues ve el rostro de nuestro Padre, que está en los cielos? De esta vista le vienen las tres propiedades necesarias para la perfecta providencia que tiene con nosotras, que son sabiduría, bondad y potencia, la que basta para saber lo que conviene hacer en todo, y para quererlo con grande amor y ejecutarlo con gran poder. Y no solo hemos de confiar en la providencia de nuestro Ángel y poder con que nos guarda, sino principalmente en la fineza y el modo, porque es con gran desvelo y diligencia. Por eso los llaman veladores, y nos los presentan enriquecidos de alas, pues cada uno de los que vio Isaías tenía seis; porque en las cosas de nuestro bien velan con grande atención, y lo ejecutan volando con gran prontitud y presteza, sin descansar un punto. Y así advirtió San Bernardo en los Ángeles de la escala de Jacob, que a ninguno vio sentado ni parado; dándonos ejemplo de solicitud y cuidado. ¿Por ventura, dice el Santo, vio alguno sentado? No por cierto, porque no tenemos aquí ciudad de dura, ni poseeremos la venidera si no la buscamos. Para que la alcancemos, y en ella les seamos semejantes, los Ángeles con sumo cuidado suben y bajan. Pues si nuestro Ángel, siendo espíritu soberano, anda tan solícito de nuestro bien, ¿por qué no andaremos nosotras diligentes, pues que tanto nos importa? Él vela; no durmamos nosotras. Él no para procurando nuestro provecho; nosotras no descansemos hasta llegar a nuestra amada patria que esperamos. Para esto nos trajo el Señor a su casa, y nos señaló este Ángel para que, cuidando de nosotras, nos ayudase a conseguir este deseado fin. Para lograrle son tantos favores y misericordias del Señor. Y con el deseo solo de que vayamos a ocupar las sillas del Cielo, se emplea este celestial espíritu día y noche en nuestra custodia. Acudamos a él, implorando su patrocinio y amparo.
ORACIÓN
¡Oh espíritu santísimo! Tú eres para nosotras la estrella matutina prometida a los que vencieren. ¿A quién acudiremos, o quién nos conducirá a aquella Ciudad Santa que deseamos, sino tú, que eres a quien nos dio el Cielo para nuestra custodia, amparo y guía? Te suplicamos que compadecido de nuestra flaqueza nos des fortaleza para vencer a nuestros enemigos, alcanzar luz y gracia para cumplir la divina voluntad, y muchas bendiciones del Cielo sobre esta comunidad, con la gracia que pedimos en esta novena, para que guiadas por ti en este destierro, defendidas de nuestros enemigos, conducidas por tu amorosa mano, seamos por ti presentadas a la Divina Majestad, para que en tu compañía nos empleemos en alabar eternamente su misericordia. Amén.
Si desea mayor brevedad se pueden omitir las Lecciones, y decir las tres oraciones, y la antífona y la oración última.
ORACIÓN Padre de todas las criaturas y Dios Criador mío, que quisiste gobernar la vida y obras de los hombres por la custodia de los santos Ángeles; concédenos misericordiosamente que ya que nos diste por compañeros a espíritus de tan digna naturaleza, hagas que por su medio te sirvamos fielmente, y que a ellos nos lleguemos con reverencia, y finalmente te glorifiquemos y gocemos con ellos, sirviéndote eternamente en aquella celestial Jerusalén y vida gloriosa, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
[1]Un Real Decreto de 8 de marzo de 1836 impuso la salida forzosa de todos los religiosos varones de sus conventos. Respecto a las monjas el artículo 5º establecía, además de prohibir la admisión de novicias, que no se permitiría que siguieran abiertos los conventos que tuvieran menos de veinte monjas profesas, así como que tampoco podría haber en una misma localidad dos o más conventos de la misma Orden. Por esta razón la abadesa del Caballero de Gracia, la Madre Pilar, se trasladó con sus monjas al convento de La Latina o de la Concepción Francisca. En la Latina se concentraron cuatro comunidades de religiosas, dos de Concepcionistas, la de La Latina y la del Caballero de Gracia, y otras dos de clarisas, procedentes de los conventos de Nuestra Señora de Constantinopla y de Nuestra Señora de los Ángeles, conocidas popularmente como convento de Los Ángeles. El convento de Los Ángeles lo cerró la desamortización de Mendizábal en 1836, a pesar de tener una gran tradición en Madrid, pues había sido fundado en 1564 por Leonor Mascareñas, aya de Felipe II. A Sor Patrocinio la separaron de su comunidad el 9 de noviembre de 1835 y no volvió a verla hasta después de nueve años. El 25 de septiembre de 1844 concluían nueve años de destierro y Sor Patrocinio se reunía con su comunidad en el convento de La Latina. Y fue allí donde descubrió la importancia de esta devoción, por el ejemplo de la comunidad de Los Ángeles. Como consecuencia, le surgió la idea de escribir una novena a los Ángeles, que tardó un tiempo en rematar, ya que la novena vio la luz ocho años después, en 1852.
[2] Los nueve coros angelicales se reagrupan en estas tres jerarquías: La primera o suprema está compuesta por Serafines, Querubines y Tronos; a la segunda o media pertenecen las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades; y en la tercera o jerarquía inferior se clasifican los Principados, los Arcángeles y los Ángeles.
[3] Antífona.- Visita, Santísimo Dios, esta casa, y expulsa de ella todas las insidias del enemigo. Que tus Santos Ángeles habiten en ella, que nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros.
V.- Vi la puerta de Jerusalén, situada hacia oriente.
R.- Y sobre sus muros la custodia de los ángeles.
Oremos. Omnipotente y sempiterno Dios, que estableciste la custodia angélica de diversas formas para beneficio de los hombres, concede propicio que el Ángel Custodio titular de este Monasterio de la Concepción de la Madre de Dios, o N. N., proteja esta casa y a nosotras de los peligros presentes de alma y cuerpo y de las futuras adversidades. Por Cristo Nuestro Señor.
[4] Pan cocido en el rescoldo o debajo de las cenizas.
