Ir al contenido

TESTIMONIO DE FE NÚMERO 1 DE 22-III-2025

DE EUDALDO FORMENT, CATEDRÁTICO JUBILADO DE METAFÍSICA DE LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA:

Testimonio de Eudaldo Forment

En mi prólogo al libro del conocido y prestigioso historiador Javier Paredes, Biografía de Sor Patrocinio (1811-1891), que ofrecedefinitivamente la  versión objetiva y científica de la asombrosa vida de esta maravillosa mujer, relato los siguientes  sucesos, íntimos e entrañables,  a modo de confidencia, que han cambiado mi vida, y espero que sean de utilidad en el proceso beatificación de Sor Patrocinio. 

A mi amigo Javier: «le conozco hace más de veinte años. Me había invitado en varias ocasiones, por mi condición de tomista,  a colaborar en  programas radiofónicos, que conducía, y también con publicaciones en las dos editoriales, que ha dirigido sucesivamente. Cuando publicó Sor Patrocinio, de Sor María Isabel de Jesús, en una tercera edición que mejoraba las dos anteriores, me la obsequió en octubre de 2008. La leyó primero Helena, mi esposa, que me recomendó que lo hiciera yo inmediatamente. Así lo hice y nos convertimos ambos en devotos de la Virgen del Olvido y de Sor Patrocinio.

Al mes siguiente, con ocasión de un viaje de trabajo a México, en el que me acompañó mi esposa, comunicamos nuestro «descubrimiento» a nuestro amigo tomista el profesor universitario Dr. Manuel Ocampo. Sorprendentemente ya tenía noticia de la Virgen del Olvido. Un día una anciana a la salida de su parroquia le había regalado una estampa de la Virgen del Olvido y la oración que incluía la rezaba cada día. Leyó también la obra  y desde entonces  ha mantenido, incrementado y propagado la devoción  hasta el día de hoy.

 Poco después, en un viaje a Madrid, el día 16 de diciembre de 2008,  pude conocer personalmente al amigo Javier. Entre otras cosas, le explique que al día siguiente mi esposa ingresaría en el hospital para una importante operación a corazón abierto. Inmediatamente, por iniciativa propia, se puso en contacto con la Madre Triunfo, abadesa del convento concepcionista de Guadalajara, para que me dejara una reliquia de la Venerable Sor Patrocinio, un mitón de la mano derecha, que en aquellos momentos poseía en Madrid nuestro común amigo el letrado D. Raúl Sandoval. A petición de Javier, me la facilitó aquel mismo día.

            El jueves 18 de diciembre de 2008, a las nueve de la mañana, Helena, mi esposa,  entró en el quirófano y no salió hasta pasadas las ocho de la noche, porque sufrió dos operaciones seguidas, ya que la primera salio mal. El pronóstico era que falleciera o, en el mejor de los casos, que quedara con vida vegetativa permanente. En estado de coma y ya cercana a la muerte empeoró. Sufrió una septicemia por una grave infección vírica. Me comunicaron que fallecería en horas, porque no era posible que saliera del coma mortal

            Las monjas concepcionistas de Guadalajara, con quienes tenía contacto telefónico diario, sobre todo con la madre  vicaria  Sor Concepción, me aseguraban que no iba a suceder, que era necesario que Helena empeorara, hasta un punto médicamente irreversible, para que se manifestara la Misericordia de Dios por medio de un milagro de Sor Patrocinio. Por las muchas las oraciones a Sor Patrocinio, especialmente de familiares y amigos, mi esposa fue sobreviviendo, y el martes, día 27 de enero de 2009, aniversario del fallecimiento de Sor Patrocinio,  la paciente salió del estado de coma. Había permanecido en él cuarenta días y todavía tuvo que estar treinta más en la UCI. Se le dio el alta cerca de la fiesta de San José.

            Los doctores reconocieron que su curación estaba «fuera de las leyes normales de la medicina», y que había sido todo «algo extraordinario. Igualmente todas las enfermeras y personal sanitario auxiliar, que la atendieron,  mostraron su asombro y admiración por lo que había ocurrido fuera de la experiencia habitual, que tenían. Muchas de ellas  se interesaron por Sor Patrocinio y la Virgen del Olvido.

            Gracias a este «milagro», cuya información remití a los responsables del proceso de beatificación de la Madre, toda la familia pudo  continuar disfrutando de la presencia de Helena entre nosotros, aunque con importantes limitaciones de movilidad  y de lenguaje. Además de la discapacidad, las enfermedades fueron aumentando con el tiempo. Después de distintas actuaciones  médicas, Helena Costa Carrera falleció por fallo multiorgánico, la noche del 15 al 16 de octubre de 2021, a mi lado y en nuestro domicilio. El milagro se había  continuado durante doce años exactos. Durante este tiempo de sufrimiento, mi esposa prosiguió haciendo muy feliz a toda la familia, como siempre lo había hecho. Dios me la dio y Dios me la quitó (cf. Jb 1, 21) de   esta vida sensible, pero como permanece, continuó siendo su esposo para siempre».

Barcelona, 22 de marzo 2025

Eudaldo Forment


TESTIMONIO DE FE NÚMERO 2 DE 22-III-2025

Testimonio de la esposa de Eudaldo Forment, Helena Costa Carrera

Transcripción de los relatos orales de Helena Costa, durante los días 16 al 26 de mayo de 2009, de su milagrosa curación por intercesión de Sor Patrocinio, recogidos por su marido.

«Quiero comenzar mi explicación de lo vivido en estos últimos meses, en los que he sufrido una operación de colocación de una válvula cardiaca y una larga y complicada convalecencia, con lo que me ocurrió un poco antes. Creo que ayuda a entender todo lo milagroso que me ha ocurrido. Además, es lo que recuerdo mejor.

Un día por la mañana del mes de marzo del año pasado (27 de marzo de 2008) tuve un pequeño desvanecimiento. No le di importancia. Mi marido, que estaba presente en casa en el momento de la lipotimia, quiso llevarme, por consejo de un amigo suyo, a un médico de medicina general. Fuimos a la semana siguiente (7 de abril, Dr. José M. Catalá) y simplemente por auscultación me indicó que veía problemas en mi corazón. Solicitó que me hicieran un estudio cardiográfico (Eco doppler color).

Retrasamos la petición porque tenía unas visitas periódicas al dentista en las siguientes semanas. El verdadero motivo era por el miedo que sentía. A mediados de junio, la doctora que realizó la ecografía del corazón (Dra. Cardona, de «Cruz Blanca», 17 de junio) se alarmó mucho. Me dijo que podía sucederme algo muy grave en cualquier momento. Diagnosticó una «estenosis aórtica», de tipo «moderada importante».

Al día siguiente, un cardiólogo del mismo equipo confirmó el diagnóstico (Dr. Carrera, de Cruz Blanca, 18 de junio). Nos dijo que era necesario un cambio de válvula del corazón. Ante mis reparos y mi gran miedo, en parte incomprensible, porque ya había sufrido otras intervenciones quirúrgicas, finalmente nos indicó que podía esperar unos meses. Aplazábamos la operación, por si se estabilizaba el estrechamiento de la válvula o incluso si desaparecía No obstante, nos advirtió que había el peligro de que el paso de la válvula se estrechara más. Incluso existía el peligro de una «muerte súbita». En cualquier caso, si me volvía a desmayar tenía que ir a urgencias rápidamente.

Pasé todo el verano, sin problemas, pero comencé a tener dolores en el pecho y en el corazón. Había momentos que me encontraba muy mal. Calmaba el dolor con aspirinas.

En octubre, mi marido me dio para leer el libro Sor Patrocinio, de Sor María Isabel de Jesús, que acababa de publicarse (Editorial Homolegens, 2008). Se lo había enviado el director de la editorial, junto con otros libros para reseñar en la revista que dirige (D. Javier Paredes, editor de esta nueva edición; la revista es «Espíritu»). Me entusiasmó al igual que mi marido, que lo leyó inmediatamente después que yo lo terminara.

Los dos misteriosamente nos sentimos además movidos a tener especial devoción a la Sierva de Dios. Cada día después del rezo del rosario en familia, recitábamos una oración a Sor Patrocinio, que había encontrado mi marido en Internet. Pedíamos por lo que me estaba ocurriendo. Sin que perdiera el miedo, o mejor la angustia, y confiando en que hubiera desaparecido el problema y todo hubiera sido una falsa alarma, acepté visitar de nuevo al cardiólogo.

El mismo día de la visita (17 de noviembre) me hicieron otra ecografía del corazón y el resultado fue idéntico al anterior. El médico nos envió a un cirujano (Dr. Alberto Castro, de la Clínica Sagrada Familia, Barcelona). Yo me negaba a operarme. Tenía mucho miedo que aquello no saliese bien, que pasará algo. No puedo explicar adecuadamente lo que sentía, pero había perdido la paz y la alegría.

Aquella misma semana acompañe a mi marido a un viaje a México, con una estancia de pocos días (20-25 de noviembre). Eudaldo tenía que impartir unas clases en un master, en el Centro Fox, en Guanajuato. Recuerdo que durante el viaje, Sor Patrocinio nos solucionó pequeños problemas. Mi marido llevaba el libro de su vida, que no había terminado de leer. La Sierva de Dios nos acompañó siempre.

En la ciudad de México tuve la oportunidad de comunicar mis temores a un buen amigo nuestro, el Dr. Manuel Ocampo Ponce y a sus padres, D. Manuel y Dª Gloria. D. Manuel, doctor en medicina y en filosofía, también me aconsejó la operación. Le regalamos el ejemplar del libro de Sor Patrocinio, que llevábamos. Le pedí que me encomendara a ella y a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Con gran sorpresa nuestra ya conocía esta advocación mariana. Le había llegado una estampa de la Virgen del Olvido de una manera “casual”. Se había encomendado a Ella, sin saber nada más y la Virgen, como había prometido a la santa monjita, no le negó sus peticiones. No obstante, yo no estaba tranquila y continuaba teniendo mucho miedo

Después del viaje, acompañé a mi marido en una conferencia que tenía que dar en Madrid. Lo que me permitió encontrar a varios amigos, como a José Manuel Burgos (director de ediciones Palabra), al amigo Daniel, de FASTA, y a varias amigas del instituto secular Cruzadas de Santa María. A todos les hablé de Sor Patrocinio y les pedí que me encomendaran a ella. Además volví a releer el libro de la Sierva de Dios, que ya no pude terminar.

A la semana siguiente visitamos al cirujano (Dr. Alberto Castro, 1 de diciembre). Me aconsejó que me operara lo más rápidamente posible. Ante mis temores, me aseguró que no había casi riesgo. Era como una intervención de apendicitis. Me volvió a repetir, como el cardiólogo, que se calculaba que sólo se daban complicaciones en un tres por ciento de los casos. Mi miedo, era todavía mayor. Era algo muy extraño y profundo.

Temía también por los dos días, que me explicó que tendría que permanecer en la UCI para recuperarme de la operación. No sé porqué, pero temía esta recuperación y me veía llena de tubos y atada a una cama. Comunicaba casi diariamente mi pavor a mi amiga de la infancia Mari Carmen (María del Carmen Antoja), prima hermana de mi marido. El doctor fijó la fecha de la operación para al cabo de unos días (18 de diciembre), mucho antes de lo que me había dicho al principio. En los días siguientes, tuve que visitar a un médico auxiliar y a la encargada de las enfermeras del equipo del cirujano. Me notaron mi inquietud y nerviosismo. Intentaron tranquilizarme, al igual que mi marido, pero no desparecía mi angustia y tristeza. Recuerdo que estando a solas en casa lloraba.

De mi pánico ante los próximos días fueron testigos muchos amigos de mi marido, asistentes a un congreso de filosofía, en Alcalá de Henares (V Congreso Nacional de Filosofía Medieval, SOFIME, días 12, 12 y 13 de diciembre). Había acompañado también a Eudaldo en este viaje, porque en mi situación no quería dejarme sola. Después he sabido que todos estos buenos amigos se interesaron por la operación y mi estado. Habían notado que estaba muy preocupada y como si barruntaba que algo no saldría bien.

Durante los días del congreso en Alcalá, queríamos ir a visitar la tumba de Sor Patrocinio. El mismo tren de cercanías que nos dejó en Alcalá finalizaba su trayecto desde Madrid en Guadalajara. No nos fue posible por falta de tiempo, pero sentíamos como una conexión o relación especial con todo lo referente a la Sierva de Dios y así mi marido lo comunicó a algunos de sus amigos.

El día anterior de la operación (17 de diciembre), tuve que ingresar ya al mediodía en la clínica (Clínica Sagrada Familia, de Barcelona) para que me hicieran una coronografía por escáner (TAC), y era preciso que pasara aquella noche en observación en una habitación. Al día siguiente por la mañana me llevarían al quirófano.

Estaba muy asustada. Además muy triste. Me daba miedo también la recuperación, pero confiaba en Sor Patrocinio, porque el día anterior (16 de diciembre) había ocurrido un hecho que tengo por providencial o mejor milagroso. Mi marido aquel día (16 de diciembre) viajó a Madrid muy temprano, en el primer avión del puente aéreo, para impartir unas clases de un master. Ya terminadas, comió con D. Javier Paredes.

Durante la conversación con su amigo, Eudaldo le habló de mi intervención del día siguiente, de mis temores y de mi devoción a la Madre y a la Virgen del Olvido. D. Javier, a quien no conozco personalmente, le contó que podía conseguir una importante reliquia, el mitón de la mano derecha de Sor Patrocinio, que había hecho recientemente dos curaciones extraordinarias. En aquel momento la tenía un amigo suyo (Raúl Sandoval).

En el mismo restaurante en el que comía con mi marido, el profesor Paredes pidió permiso por teléfono a la Madre abadesa del convento concepcionista de Guadalajara. También habló con ella mi marido. Seguidamente Eudaldo me comunicó la buena noticia y me informó del retraso que sufriría su vuelta, prevista aquel mismo día a las cinco de la tarde. Me apenó, porque me encontraba muy sola. Recuerdo que me puse muy nerviosa.

El profesor Paredes y mi marido conectaron por teléfono con el amigo común Raúl (D. Raúl Sandoval). Tenía la reliquia en su domicilio. Eudaldo (mi marido) fue a buscarla. El buen amigo Raúl, a quién he conocido después en Guadalajara, se la dejó y le entregó además varias estampas, una pequeña imagen de la Virgen del Olvido, un folleto sobre su vida (Fray Juan Bautista Gomis, O.F.M., La sierva de Dios Venerable Sor Patrocinio, Guadalajara, 1987) y el librito con la Imagen de la Virgen en la cubierta (Cristina María Ruiz-Alberdi Fernández y Carlos Vidal Martínez, Virgen del Olvido y Sor Patrocinio, Guadalajara, 2007, 2ª ed.).

Recuerdo claramente que cuando llegó mi marido, y después de ir a la Misa de las 20,30, más tarde de la que vamos habitualmente, me paso el mitón en la parte del corazón. Igualmente, al día siguiente, ya en la clínica, rezamos a Sor Patrocinio, pero ya con las oraciones, que Eudaldo había traído de Madrid y ante la pequeña imagen de la Virgen del Olvido.

Cuando por la tarde me estaban haciendo la prueba, mi esposo me leía en voz alta el texto de la aparición de la Virgen a Sor Patrocinio (13 de agosto de 1831). Consideré que fue un gran don, obtenido por la intercesión de la Sierva de Dios, el que, ya al atardecer, viniera a visitarme el sacerdote de la clínica (D. Ramón Casajust). Después de hablar conmigo, me dio la comunión..

Aquel día, pasé muy mala noche, a pesar del tranquilizante que me suministró la enfermera. Al día siguiente me vinieron a buscar, antes de la nueve de la mañana. Mi marido me pasó varias veces el mitón y las estampas de la Virgen del Olvido y la Madre Patrocinio. Me acompañó hasta el ascensor, mientras yo temblaba y lloraba. El apenado intentaba darme ánimos y pedirme que no me olvidara de Sor Patrocinio.

En el quirófano me sentí muy sola y con mucho frío. Sólo podía rezar jaculatorias. Ya no recuerdo nada más. Ni de los días que estuve en coma, ni de la mejoría de mediados de enero (19 y 20 de enero, fechas de la toma de hábito, 1928, y de profesión religiosa de Sor Patrocinio, 1929). Tampoco puedo acordarme de las visitas diarias a últimas horas de la tarde de P. Mariano Sanfélix, promotor y director de la Televisión San José de Barcelona, para rezar el Decenario de Invocación al Espíritu Santo. Terminaba siempre pasándome el mitón de Sor Patrocinio y rezaba la «Oración para impetrar del Señor la Beatificación de la V.M. Patrocinio» y a la «Virgen María del Olvido, Triunfo y Misericordias».

El único recuerdo que conservo y muy difuso es el de mi marido de pie a mi lado en el box de la UCI, rezando letanías a la Virgen y que yo intentaba responder. También la pequeña imagen de la Virgen del Olvido, que estaba encima de la máquina, que me hacía respirar.,

Recuerdo asimismo la estampa de Sor Patrocinio al lado de uno de mis brazos, que como casi todo el cuerpo no podía dirigir ni mover. Del momento que desperté del estado de coma, el último martes de enero (27 de enero, fecha del fallecimiento de Sor Patrocinio -martes, 27 de enero de 1891-) tampoco me acuerdo. Si, en cambio, del día de mi cumpleaños (9 de febrero) y de los muchos obsequios de mi prima Mari Carmen y de las monjas de Guadalajara. También del momento en que volví a recibir la comunión, gracias a D. Ramón, que parece ser también me visitaba diariamente (11 de febrero) para rezar. Siento mucho no recordar casi nada del personal sanitario, ni de los médicos ni de las enfermeras. Me ha quedado sólo en la memoria que me trataron muy bien, con mucho cariño y delicadez. También algunas imágenes agradables de la enfermera de la mañana Carmen y tres del turno de la noche, cuyos nombres desconozco.

Guardo ya más recuerdos de cuando fui trasladada de la UCI, en ambulancia, al Hospital Platón (26 de febrero). No me era difícil comprender lo que me contaban que había sucedido. Había estado al borde de la muerte, pero la Virgen del Olvido había sido mi médico, Sor Patrocinio, la enfermera y las monjitas de Guadalajara, las auxiliares, ayudadas por muchas medicinas, las incontables oraciones de mi marido, mis hijos e hijas, familiares y amigos.

Mi marido consiguió que, partir de mediados de marzo (16 de marzo), el tratamiento de rehabilitación lo pudiera realizar en mi domicilio. Aquí continuó progresando en la recuperación de toda la parte derecha de mi cuerpo, que voy moviendo muy lentamente y con muchos dolores (De una hemiplejia inicial, o parálisis total, pasó a una hemiparesia, o parálisis parcial). Muchas veces me impaciento por la lentitud de los progresos e incluso me han dado dos o tres ataques de nervios.

Tengo también problemas para recordar algunas palabras y para leer, aunque voy mejorando. Puedo ya leer alguna línea y habló con mayor claridad y soltura (secuelas de la hipóxia o falta de suministro de oxigeno, que sufrió en la intervención de diciembre). No obstante, he olvidado muchas oraciones vocales. Procuro en su lugar decir jaculatorias. Además, puedo rezar el rosario, aunque no me acuerdo de memoria de los misterios.

Al principio me trataba una logopeda. Al poco tiempo me negué rotundamente a continuar con ella, ni con otra, que me buscó mi marido. Me molestaba su actitud hacia mí y todas sus preguntas. Me cansaban y me ponían muy nerviosa. El médico (el neurólogo Alberto Lledó) le pareció muy bien y me dijo que lo importante es que estuviera tranquila

Como dispongo de mucho tiempo para pensar, a veces, me preguntó porque me ha ocurrido esto a mí. Pienso también que el proceso de recuperación se terminará y quedaré como ahora. Ya sé que los médicos han dicho, y yo misma lo he oído de ellos, que todo el proceso de curación es algo «extraordinario», una «excepción» de las leyes de la medicina, que de Helena «se lo creen todo», que es algo «increíble», que no tendría que estar de pie, ni hablar, o que debería estar casi en estado vegetativo. Sin embargo, también a veces tengo miedo de que no me recuperé completamente. Igualmente, pierdo la paz al pensar que causo mucho trabajo, sobre todo a mi marido. Me duele no poderle ayudar. Me siento alguna vez como una carga pesada. En todas estas situaciones me ayuda especialmente acudir con una jaculatoria a Sor Patrocinio y a la Virgen del Olvido y hablar con mi marido, que nunca me deja. Últimamente me va muy bien llamar por teléfono –ya puedo marcar los números- a las monjas de Guadalajara. Las conversaciones con la Madre Triunfo y Sor Concepción me animan y me permiten tener presente que Sor Patrocinio me ha salvado. Ahora comprendo el porqué mi marido durante toda mi curación y mi convalecencia las llamaba cada día.

Sé que he vivido un milagro, por la intercesión de Sor Patrocinio, al producirse mi curación fuera de las leyes normales de la medicina y de un modo temporal y sucesivo, aunque con mayor rapidez con la que podrían actuar los medicamentos. Sé que, gracias a este milagro, quedaré completamente normal y que no me quedarán secuelas. Estoy convencida de que no he hecho nada para merecerlo, pero si que tengo una mayor responsabilidad en ser más fiel a todas las gracias de Dios, por haber experimentado este don gratuito recibido.

Deseo por último, destacar dos momentos especiales de estos dos meses de recuperación. El primero ha sido el viaje a Guadalajara, al convento de las concepcionistas franciscanas (los días 25, 26 y 27 de abril). Mi marido y mis hijos, según me han contado, poco después de conocer el resultado negativo y muy grave de mi operación y de pedir la ayuda de Sor Patrocinio para que consiguiera de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias mi curación, hicieron una promesa. Si obtenían este milagro de la Sierva de Dios harían tres cosas: 1º Informarían y proporcionarían toda la documentación médica para que sirviera para su causa de beatificación; 2º harían todo lo posible con acciones, donativos, etc. para que fuera pronto declarada beata; y 3º Viajarían a Guadalajara conmigo para celebrar la próxima fiesta de su nacimiento en el convento concepcionista, en donde está enterrada, (27 de abril). Las tres promesas las han ido cumpliendo y, si Dios quiere, continuaremos todos manteniéndolas.

Junto con Eudaldo, mi marido, y Jacinto, Eudaldo y José María, mis tres hijos, mis dos nueras, Noemí y María, y Teresa (futura esposa del hijo menor, José María) y mi nieto Miguel, de nueve meses (hijo de Jacinto y Noemí), pude dar gracias a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias, que está en el retablo de la iglesia del convento. Mi impresión fue que estaba viendo algo del cielo. Mi hijo Jacinto le pareció el primer día que su cara era más bien triste, pero al día siguiente, que sonreía. Mi marido me dijo que, al mirarla con los anteojos, que le dejó la Madre abadesa, le daba la sensación que era de carne y hueso.

También debo confesar que me conmovió igualmente la Misa del día de la fiesta de Sor Patrocinio. Todavía recuerdo el canto de la «Salve a la Virgen del Olvido» y la estrofa: «Madre del que sufre… Madre del que llora. // Madre del que acude, y a tus pies implora.». Parecía que expresara lo que había vivido y también la de toda mi familia que me acompañaba.

Otra gracia muy especial fue la de poder estar en el comulgatorio de la iglesia y tocar y besar el sepulcro de sor Patrocinio, junto con la Madre Triunfo, la abadesa Sor Concepción, la madre vicaria, Sor Sagrario, la más mayor, y Sor Berta, Sor Cecilia y sor Verónica. Ellas, que tanto habían rezado, y especialmente en aquel lugar, en el que reposaban sus restos, con los de la mano que había usado el mitón, que me había acompañado en todo este largo proceso de mi operación y curación milagrosa, que voy refiriendo. Intentaré resumir todo lo que sentía diciendo que me encontraba muy bien allí, y que todo me resultaba como muy conocido o familiar. Sólo quería mirar el sepulcro y casi no me fije en la hermosa pintura que reproduce la aparición de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

Podría relatar otros muchos momentos que me afectaron profundamente. La dulzura, el cariño, la amabilidad y las múltiples atenciones de las seis monjas, no se me olvidará nunca. Igualmente el haber conocido a Cristina Ruiz-Alberdi, presidenta de la Asociación Virgen del Olvido, y a otras dos señoras de la misma, Pilar y Carmen. Conocí también a Raúl, que ha tenido un papel tan importante en la historia de mi curación. Si durante los dos meses y medio que estuve en la UCI, Eudaldo sentía la presencia espiritual y misteriosa de Sor Triunfo, Sor Concepción y de las otras cuatro monjitas, que acompañaban a su madre Sor Patrocinio, ahora yo me uno espiritualmente a sus oraciones delante de la Virgen del Olvido y en el sepulcro de la santa madre.

El segundo suceso que igualmente me ha conmovido interiormente ha sido la visita a mi entrañable amiga y confidente de toda la vida, Mari Carmen Antoja. No era fácil verla, porque en la actualidad vive en Barbastro. Gracias a Dios, hace unas pocas semanas, pude pasar con mi marido unos días con ella y su familia (1, 2 y 3 de mayo). Mari Carmen, junto con las monjas concepcionistas y el Dr. Ocampo fueron los tres apoyos humanos de mi marido para mantener su fe y esperanza en el milagro de Sor Patrocinio. Durante los tres meses de mi permanencia en el hospital tuvo contacto telefónico diario con los tres. Este encuentro con mi amiga me permitió poder visitar el Santuario de Torreciudad. Pude ver en una galería de la cripta la Virgen del Olvido y fotografiarme con Mari Carmen delante de esta reproducción de la Virgen, traída en peregrinación.

Podría continuar contando pequeños sucesos, en los que notó la intervención de Sor Patrocinio y de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. Estoy convencidísima que todos ellos forman parte de un único milagro, que se extiende en el tiempo y que culminará en mi curación completa. Mientras sé que, además de tener paciencia con el tratamiento, que recibo, que incluye desde numerosas medicinas hasta complejos ejercicios físicos, debo mantener la confianza. El camino se me hace difícil, sobre todo por su duración. El tiempo lo hace dificultoso. Sufro por el trabajo que continuó dando, sobre todo a mi marido. A veces también tengo miedo de que se paralice el milagro de Sor Patrocinio. Pido siempre, por ello, ser fiel a todas las gracias recibidas, a las actuales y a las que, por la Misericordia de Dios, espero recibir».

Barcelona, 27 de mayo de 2009,

Helena Costa Carrera


TESTIMONIO DE FE NÚMERO 3 DEL 22-III-2025.

Testimonio de Ricardo Colmenero Martínez.

La llegada a mi vida de Sor Patrocinio fue durante los días de universidad en la primera década de los 2000. Cursaba los estudios de Historia y en el tercer curso de la licenciatura (antes de que las carreras se transformasen en grados) conocí al catedrático Javier Paredes Alonso. Ya por entonces mi etapa favorita de la Historia era la contemporánea y la llegada a ese año suponía estudiar a fondo el periodo a nivel español y universal. Javier Paredes fue mi profesor en Historia de España Contemporánea y aprendimos mucho sobre el siglo XIX, pero no solamente a nivel político, sino también en otros aspectos menos conocidos.

Uno de ellos fue la historia de Sor Patrocinio, conocida como la «monja de las llagas». Nos narró las malas prácticas de Salustiano Olózaga que hicieron terminar a Sor Patrocinio en la cárcel, detalles de su vida religiosa  y su relación confidente con la reina Isabel II. Sor Patrocinio era una flor pura que aconsejaba a la reina y cuidaba de su conciencia. Una ardua tarea de la que la historiografía sobre el siglo XIX español nos ha dejado testimonios. Por último, recuerdo como nos contó la mala fama que recibió por obra del príncipe de la mentira y su labor para darla a conocer a todos. Fue ahí cuando me acerqué a Sor Patrocinio y entró a formar parte de mi vida.

Recuerdo, además, cuando acudía al despacho de Javier Paredes y hablábamos de mil y una cosas. Entre ellas, estaban Sor Patrocinio y la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias. En la pared de su despacho había un calendario de Sor Patrocinio y otro de la Virgen del Olvido que han visto pasar a varias generaciones de alumnos hasta su jubilación. Tampoco me olvido de la imagen del Cristo de Velázquez.

De esta manera, Sor Patrocinio y el culto a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias permearon en mi vida de fe. La providencia ha querido que trabaje en Guadalajara, y algunas veces voy a visitar la tumba de Sor Patrocinio (la puedo ver a través de las rejas) y la imagen de la Virgen del Olvido que hay en el Convento de las Concepcionistas Franciscanas de la ciudad manchega. También he acudido a los cultos que se organizan en el Convento de la calle Blasco de Garay (Madrid) y asistido a la misa en el Convento que las Concepcionistas Franciscanas tienen en la calle Santa Úrsula de Alcalá de Henares. La intercesión de  Sor Patrocinio y el amor de la Virgen están implícitas en estos hechos.

Mi testimonio personal vincula a Sor Patrocinio y a la Virgen del Olvido en un momento que estaba aprendiendo a vivir y a despegar de la primera juventud a la primera madurez. A partir de este punto, mi vida de fe me ha llevado a muchos caminos diferentes (con errores y aciertos) cuyas metas siempre han sido la Santidad (lo que al final quedará y marcará nuestra vida). Estoy seguro que Sor Patrocinio y la Virgen del Olvido, con el cariño con el que llegaron a mi vida, han sido testigos y, de forma silenciosa, me llevan a estar más cerca de Dios.

TESTIMONIO DE FE NÚMERO 4 DE 22-III-2025

Testimonio de Inma López Navarro

Muy estimado don Javier, mi testimonio es muy sencillo pero también muy real. Todos los días le pido a sor Patrocinio por una causa muy concreta , que crea en mí un gran sufrimiento , le pido que interceda por mi causa, si Dios lo tiene a bien, me lo conceda, si llegara a concedérmelo además de ir a visitarla para darle gracias, también lo comunicaré por este medio, para que se tenga en cuenta y ayudarla en su beatificación.
Por otro lado, desde que oí su testimonio, le pedí que me ayudara con mis problemas de salud y le puedo asegurar que desde el primer día me siento  mucho , muchísimo mejor. Gracias a Dios, a sor  Patrocinio y a usted que nos la dio a conocer realmente.
Un saludo  y que Dios le bendiga


TESTIMONIO DE FE NÚMERO 5 DE 23-III-2025

Testimonio de Juan Valderrama Caballero

Un familiar muy cercano fue diagnosticado de una enfermedad hematológica muy grave. Ciertas proteínas de la sangre estaban alteradas y se continuaban así, lo que era algo benigno pasaría a ser leucemia. Ese mismo año peregriné a Fátima y allí encontré el consuelo de la Virgen. Le pedí humildemente pero con toda la fuerza de mi corazón su ayuda. Sabía o mejor dicho, allí comprendí que si  la voluntad del Señor era esa enfermedad, no había más remedio que aceptarla y seguir amándole con la misma pasión. Pero también supe allí, que aunque así fuera, Él siempre escucha con misericordia a sus hijos y algunas veces (solo Él sabe por qué), la fe de una oración puede mover la montaña y que algo que ya estaba escrito, cambie. Es difícil comprenderlo y más aun explicarlo. Lo que no puede solucionar la ciencia, ni mover fuerza alguna del universo, es decir Su voluntad, lo puede hacer una sencilla oración.  El Señor,  que es todopoderoso, omnisciente  e infinito, es sensible a la fe hasta el punto de mover la montaña por amor a ti.
Tras este episodio, mi vida comenzó a cambiar radicalmente. Entendí que Él está presente hasta en las más mínimas decisiones y aconteceres de mi vida. No entiendo por qué es tan bueno conmigo, por qué me colma de felicidad, de gente buena a mi lado, ahora mismo se me saltan las lágrimas de pensar en lo que me quiere sin haber hecho nada para merecerlo, siendo imperfecto y pecador como cualquiera. Algún día Rabuní espero poder abrazarte y preguntártelo.

Tras varios años de peregrinar a Fátima, un día me asaltó la pregunta de si en España no había ninguna aparición mariana reconocida por Roma y así encontré a La Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias y a la madre Patrocinio. Fue gracias a uno de los vídeos de D. Javier Paredes. Enseguida sentí la llamada y como conozco un poco estas cosas, subí en mi motocicleta y en unos minutos llegué al convento. En aquella iglesia estaban rezando un rosario y me uní. Después me quedé solo y oré. Sentí que me escuchaban. Sentí lo mismo que en Fátima, una presencia de amor fortísima y supe que todo era verdad. La santidad de Sor Patrocinio, la Virgen que allí mora, todo. Lo sentí y lo supe instantaneamente.  Las pruebas médicas se repiten cada año y ese año los resultados volvieron a ser preocupantes. Había que esperar tres meses para repetirlas y tomar decisiones según avanzara la enfermedad. Entonces escribí a las monjitas del Carmen y me enviaron estampas y reliquias. Cada mañana durante tres meses realicé la oración por los enfermos y la plegaria de Helena Acosta. Cuando nos dieron los resultados todo era normal. Y desde entonces, como digo al principio, Sor Patrocinio está presente en mi vida de manera cotidiana y ayuda a mucha gente por la que le pido su intercesión. Mi promesa desde entonces fue ponerme a trabajar para que aquella iglesia, aquella Virgen y aquella santa, nunca más estén solas y que las gracias que allí abundan sean aprovechadas por tanta gente necesitada como hay. Y en eso estamos.


TESTIMINIO DE FE NÚMERO 6 DE 30-III-2025

Testimonio de Una devota de la Virgen del Olvido

Conozco la biografía y obra de Sor Patrocinio y estoy convencida de que es una de las figuras más importantes de la Iglesia Católica en España en el siglo XIX. Creo que vivió las virtudes cristianas en grado heroico, soportando, con admirable paciencia, reiteradas persecuciones y sucesivos destierros que la hicieron, sin duda, sufrir mucho; y realizando, al tiempo, fundaciones de conventos que contribuyeron, de forma muy importante, a desarrollar la benéfica presencia en España de la Orden de las Concepcionistas Franciscanas de la Inmaculada. Nuestro Señor Jesucristo le concedió el llevar en su cuerpo los estigmas de la Pasión y la Santísima Virgen del Olvido la privilegió con sus apariciones en Madrid, en el año 1831. Es sabido, también, que sor Patrocinio realizó numerosos milagros, ya en vida. No cabe duda de que es una figura extraordinariamente singular y, al tiempo, un gran ejemplo para todos los católicos, con especial mención de los religiosos. Ruego a Dios, Nuestro Señor, que conceda a la Iglesia la elevación a los altares de su admirable Sierva Sor Patrocinio y espero y deseo su pronta beatificación. Dios lo quiera.
Asimismo, agradezco a D. Javier Paredes la espléndida obra que ha realizado durante cuarenta años, en defensa y divulgación de la vida y obra de Sor Patrocinio, así como el inicio y desarrollo, junto con las monjas Concepcionistas Franciscanas, de los Cultos de la Virgen del Olvido que tienen lugar en Madrid en el convento de Blasco de Garay todos los primeros sábados de mes y a los que he tenido el gozo y la gracia de asistir en numerosas ocasiones. Dios te bendiga, Javier.

TESTIMONIO DE DE FE NÚMERO 7 DE 21-VI-2025

TESTIMONIO DE INMACULADA SERRANO ROMAGUERA

Mi veneración y cariño por Sor Patrocinio,  no están ligados  a favores recibidos sino al conocer algo de su vida ( gracias don Javier Paredes). No puedo dejar de admirar y dar gracias Dios por esta grandísima santa  ( aunque aún no esté canonizada), es increíble vida, como Satanás la atacó…, cómo María la protegió…, y por ello he ido dos veces a Guadalajara ( vivo en Córdoba) a venerar esta imagen bendita… No comprendo  por qué los católicos  no brincamos de alegría…, es una historia muy «fuerte»…, pues a María le pido que dejemos los católicos nuestra desidia y que se produzcan muchas conversiones…, y que Dios nos conceda algún milagro la beatificación de Sor Patrocinio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *